«Pase lo que pase, creo que la imaginación y la ficción literaria seguirán enriqueciendo la vida interior de los seres humanos, independientemente de la tecnología»

Entrevista con Aki Shimazaki

Aki Shimazaki (Gifu, Japón, 1954), a medio camino entre el legado cultural japonés y toda una vida en Canadá, donde se mudó en 1981, ha cautivado a lectores de todo el planeta con sus novelas, profundamente psicológicas y universales, donde es imposible no reconocerse con los personajes y las circunstancias más allá de los límites sociales y culturales. Sus novelas están colmadas de un realismo dulce, donde la esperanza, incluso en los momentos más oscuros, siempre se encuentra presente, como en la vida real. 

            Autora celebrada y publicada en España por Nórdica Libros (está previsto que en próximamente la editorial Tusquets publique El viejo escritorio), Revista Hypérbole, a través de Nórdica Libros, la agencia literaria Agencia Cardiel&Books y conducida por el filósofo y escritor David Lorenzo Cardiel traen en exclusiva la, que sepamos, primera entrevista jamás realizada a la autora canadiense para todos los lectores y países en español. Una conversación en la que la autora profundiza en el legado de sus personajes y en el enriquecedor enfoque narrativo que la han convertido en una de las novelistas en alza a nivel internacional de nuestra década. 

David Lorenzo Cardiel (P): Comenzaré, si le parece pertinente, con una pregunta que seguramente se hacen nuestros lectores en español: ¿por qué decidió instalarse en Montreal, Canadá? ¿Qué le llevó a convertirse en una escritora francófona que abraza las particularidades de su país de origen, Japón?

Aki Shimazaki (R): Desde niña soñaba con ser novelista. Después de dejar Japón, viví cinco años en Vancouver y otros cinco en Toronto. Durante esos diez años, visité Montreal dos veces. Me encantó esta ciudad francófona tan especial y rica en cultura, y deseaba establecerme allí algún día. 

Una vez instalada en Montreal, empecé a aprender francés, primero de forma autodidacta y luego en una escuela para inmigrantes. Me enamoré de este idioma. En clase nos hicieron leer Le grand cahier [El gran cuaderno], de Agota Cristof. Impresionada por esta profunda historia escrita en un estilo sencillo, decidí escribir yo también una novela en francés. 

Tsubaki, la primera parte de mi primera pentalogía, nació con personajes japoneses y mi país natal como telón de fondo. Desde entonces, sigo inventando historias en este mismo marco, donde me siento cómoda. 

P: De hecho, su obra narrativa desprende una profunda sensibilidad, una mirada sobre la condición humana universal basada en la vida cotidiana en Japón. Por ejemplo, en la pentalogía La sombra del cardo [publicado por Nórdica Libros, como las otras obras que se citan y sobre las que se ha orientado la entrevista], ¿por qué el cardo, qué significado tiene en su obra y en su imaginación?

R: En general, me inspiro en la naturaleza. Se puede decir que el estilo de los haikus influye mucho en mi escritura. Dada la complejidad de la naturaleza humana, es un gran reto para mí sumergirme en el universo de cada personaje que he creado. 

Para mis títulos, me gusta utilizar palabras japonesas que hacen referencia a una de las cuatro estaciones. A este respecto, remito a los lectores en español a una entrevista en inglés con una periodista italiana, Emanuela Borgatta Dunnett, publicada en The Wall Street International, The Essence of Writing: An interview with Aki Shimazaki [en español, La esencia de la escritura: una entrevista con Aki Shimazaki, publicada el 19 de marzo de 2021 por Emanuela Borgatta Dunnett].

Y también a una entrevista en francés con Josée-Anne Paradis publicada en Revue des libraires du Québec titulada Aki Shimazaki: Moin on en dévoile, plus on attise [en español, Aki Shimazaki: cuanto menos se revela, más nos interesamos, publicada el 7 de junio de 2021].

P: Adentrándome en sus libros, por ejemplo, en Azami, el protagonista, un hombre cansado de la inexistencia de vida sexual con su mujer, acude a discotecas donde se reencuentra con un antiguo amor. ¿Sigue vigente hoy en día en Japón esta idea del matrimonio como obligación social y del tabú sobre el sexo, en particular el femenino? ¿Por qué la sociedad japonesa sigue instrumentalizando las relaciones humanas y sexuales con tal sentido del pudor?

R: Azami es una historia puramente ficticia, como cualquier otra. Sin embargo, cuando supe que la palabra sexless [una buena traducción es asexuado, asexuada] se estaba popularizando en Japón, no solo entre parejas, sino también entre los solteros, se despertó mi curiosidad. Quería evocar a una pareja en esta situación. Lo central en Azami es el conflicto interior de un marido que de repente se enamora de otra mujer, pero que no quiere divorciarse de su esposa. El término sexless también se refiere a las personas que no sienten necesidades sexuales. Es una cuestión de naturaleza personal. 

P: Interesante, porque este hecho me lleva a otra pregunta relacionada. En Japón, ¿son aceptables el divorcio y la amistad entre hombres y mujeres, sin fines románticos ni sexuales?

R: Mis personajes son universales. Por supuesto, hay particularidades específicas de la sociedad japonesa. Pero mi objetivo no es hablar en términos generales de las relaciones conyugales en Japón, desde un punto de vista sociológico. 

P: Bien. No obstante, en novelas como Hôzuki y Suisen, aparece el desánimo de un individuo sobrecargado. ¿Por qué sus personajes se enfrentan a un dilema entre el deber y el deseo de libertad? Por ejemplo, al cuidar de sus seres queridos enfermos o indefensos, como Tarô, pero a veces los propios protagonistas. ¿Es el cuidado de los demás una de las grandes tareas inacabadas de la humanidad?

R: De hecho, a menudo creo personajes desagradables como Gorô en Suisen, o con una vida difícil como Mitsuko en Hôzuki o Tarô en Maïmaï. Sea cual sea la situación de cada personaje, siempre escribo dejando la esperanza de una posible paz interior. No hay ninguna conclusión, ni solución, ni juicio sobre estos dramas individuales. Mis lectores los interpretan libremente y pueden seguir imaginando la vida de mis personajes, y eso es lo que deseo. 

P: La evolución de los personajes es importante en la pentalogía. Mitsuko, la librera que abre la saga en Hôzuki, se mezcla con Kawano en Azami, el marido insatisfecho que reencuentra a su antiguo amor. Pero en Suisen, la trama se interrumpe para presentar a Gorô, un hombre de éxito que replantea su vida. Sus personajes buscan reformular sus vidas o encontrar una más sencilla. ¿Cree que esto representa un sentimiento común en nuestra época? ¿Qué es lo que no funciona en la vida de sus personajes que genera esta insatisfacción en sus vidas ficticias?

R: Lo que tiene en común esta pentalogía, La sombra del cardo, son los cinco personajes: primero, Mitsuo, Mitsuko y Gorô, que están directamente relacionados por ser antiguos compañeros de colegio, y luego Atsuko, la mujer de Mitsuko, y Tarô, el hijo de Mitsuko. Sin embargo, cada historia es independiente, al igual que su tema, como en mis otras tres pentalogías. Cada uno se encuentra en un momento crucial de su vida, que cambia repentinamente de rumbo. Esto no tiene nada que ver con la situación social, pobre o rica, ni con la época. 

P: Claro. Y desde una perspectiva puramente narrativa, en Fuki-no-tô, es la esposa de Kawako quien se instala en el campo con su familia, lo que le devuelve la felicidad, aunque sabe que su marido está haciendo un gran sacrificio. ¿Ahoga la ciudad, nos asfixia, nos aleja de nosotros mismos, como le ocurre en parte a Atsuko?

R: Atsuko, la esposa de Mitsuo, nació en una pequeña ciudad y vivió en Nagoya primero como estudiante y luego como empleada, antes de instalarse en el pueblo. No le desagrada la vida en la ciudad, pero desarrolla una pasión por la agricultura al cultivar verduras orgánicas en la granja que heredó de su padre. En cuanto a su marido, es un hombre de ciudad. Cada uno tiene sus gustos. En el matrimonio, siempre hay que aceptar compromisos si se quiere permanecer juntos. 

P: Entiendo muy bien lo que me dice. Observo dos tipos de soledad en su narrativa. La primera, la soledad forzada, a la que se enfrentan los personajes a través de una rutina que los exterioriza como individuos, ya sea en el trabajo, en el cumplimiento de los criterios de éxito considerados en la sociedad —ser una buena esposa, un hombre de negocios próspero…— o en las costumbres familiares. Pero hay otro tipo de soledad que me gustaría destacar para el lector, muy inspirada en la filosofía zen, si me permiten la referencia: la soledad deseada que permite una introspección sana. ¿Necesitamos una dosis de soledad para alcanzar nuestra plenitud humana? Del mismo modo, ¿son las pequeñas ilusiones y alegrías cotidianas las que nos sostienen?

R: Creo que la soledad deseada (en contraposición a loneliness [es decir, la soledad no deseada]) es necesaria para una introspección profunda. Las personas que se reúnen constantemente con otras para matar el tiempo, o por miedo a estar solas, no tienen tiempo para mirarse a sí mismas. En mi opinión, la soledad positiva nos proporciona una riqueza interior que nos hace más fuertes a nivel mental.  

P: Quizá sea por esta diferencia que ha deseado reflejar en su obra me sorprende que ni Kawako ni Atsuko decidan divorciarse en un matrimonio tan tenso. Este detalle me condice a preguntarle: ¿cómo es el matrimonio en Japón y cómo lo viven los jóvenes hoy en día? ¿Sigue siendo una situación equivalente a la que se encuentra en sus novelas?

R: Mitsuo y Atsuko forman una pareja mal avenida. Si sus hijos fueran adultos o si no tuvieran hijos, sería diferente. Hoy en día, ya no existe presión social [a este respecto, en el país nipón]. Según una estadística gubernamental publicada en 2019, la tasa de divorcios en Japón durante los últimos treinta años fue del 32 %. Como habrán notado, a menudo creo historias sobre parejas que atraviesan un momento crucial. Se trata de dramas personales, no sociales. 

P: Hay un mensaje clave y luminoso en su obra: la vida siempre se abre. En Maïmaï, Tarô, el hijo sordomudo de Mitsuko, encuentra el amor de una joven que compensa sus penas. Esta novela concluye la pentalogía. Pero le pregunto: ¿debemos esperar siempre que las penas que nos agitan se apacigüen? ¿La vida impone su propio ritmo o la moldeamos según decidimos mirarla, comprenderla y vivirla?

R: Lo queramos o no, hay penas que no se calman ni desaparecen nunca, y hay que seguir viviendo con ellas. Es nuestra condición humana. Cada uno debe decidir cómo vivir en función de su situación. Como habrá notado usted, hay un leitmotiv en mis novelas: una luz o una esperanza al final del túnel. 

P: La lucha entre el individuo y la sociedad es el tema central de su obra: ¿en qué medida nuestros deseos, nuestros seres queridos y la sociedad nos definen, o estamos destinados a someter nuestra libertad a los designios comunes?

R: Trato vidas individuales. Creo dramas que eventualmente conducen a una liberación. Los problemas sociales son secundarios, como telones de fondo. 

P: Sí, tiene razón. De hecho, todos los personajes podrían situarse en cualquier sociedad, cualquier país, cualquier civilización de nuestro mundo: son universales, como sus historias. Esa es la grandeza que veo en su obra. ¿Cree que hemos evolucionado, más allá de los cambios tecnológicos, hacia un mayor grado de ética, amabilidad, respeto por los demás, etc.?

R: Sí, mis personajes podrían situarse en cualquier entorno social y mis temas son universales. Las tecnologías avanzan rápidamente y cada vez estamos más inundados de información fácil. A menudo es difícil resistirse a la tentación de saber cada vez más sin esfuerzo y cada vez tenemos menos tiempo para reflexionar. En cuanto al sentido moral, creo que depende de la educación familiar y escolar y que no tiene nada que ver con los cambios tecnológicos. 

P: ¿En qué medida influyen en su trabajo la filosofía y las tradiciones de su país natal, Japón?

R: Habiendo nacido en Japón y vivido allí hasta los veintiséis años, conservo naturalmente la mentalidad japonesa. No soy practicante, pero, sin embargo, estoy influenciada por el budismo y el sintoísmo, que son diferentes de las religiones dogmáticas: el budismo es una filosofía, y el sintoísmo, un animismo. Noto que su espíritu impregna mi escritura, sobre todo el del sintoísmo: los dioses moran en todo lo que existe en el universo, no solo en los seres conscientes. Creo en las leyes de la naturaleza. En cuanto a las tradiciones o costumbres, éstas aparecen de forma natural en mis novelas, pero no son mis temas principales. 

P: Para finalizar la entrevista, ¿cómo observa el mundo moderno, caracterizado por las prisas y el ajetreo, la autoexplotación, el deseo de tener más, pero no necesariamente mejor? ¿Hemos olvidado nuestra evolución espiritual y personal?

R: De hecho, las tecnologías avanzan rápidamente y son cada vez más sofisticadas, pero nuestras mentalidades no. Al ser más «analógica» que «digital», siempre me siento fuera de lugar en este mundo moderno. Me pregunto por qué siempre hay que ir más rápido y más lejos, como si olvidáramos que no somos robots. Sin embargo, y pase lo que pase, creo que la imaginación y la ficción literaria seguirán enriqueciendo la vida interior de los seres humanos, independientemente de la tecnología. 

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