1940. Himmler en los toros o el Pasodoble alemán

No un Pasodoble cualquiera, tampoco la creencia de que ‘el paso de la oca’ o paso de marcha de los hombres de la Wehrmacht llegara  a ser por ello un ‘pasodoble’ o una zancada teutona.

También la secuencia del desfile de ambos mandatarios, Il Conde Ciano con Ramón Serrano Suñer,  vestidos de blanco, junto a la representación eclesiástica, como atribulados niños en su Primera Comunión, junto a los muros catedralicios y escoltados por falangistas enguantados. 

En un enclave próximo, o incluso idéntico, al que nos muestra ya el 21 de octubre de 1940 al Reichführer Heinrich Himmler, jefe supremo de las  SS-Schutzstaffel y de la Geheime Staatspolizei y también de la Sicherheitsdients-SD. Un Himmler, que ha realizado un viaje propagandístico a España, invitado por José Finat Escrivá de Romaní, conde de Mayalde y director General de Seguridad, con quien se fotografía el día 19 en San Sebastián, tras su llegada a Irún, donde fue recibido por el embajador del Reich Von Stohrer,  por Hans Thomsen jefe del NSDAP en España y por su hombre de confianza en Madrid, Paul Winzer.  

El conde de Mayalde y Himmler en San Sebastián 1940

Un conde de Mayalde que se fotografía vestido de falangista en posición de firme, junto al cuero, la calavera de las SS y el sable del Reichführer: uniforme negro, camisa azul y boina roja. Un conde de Mayalde, con mirada ausente, visto y retratado junto al séquito de Heinrich Himmler; donde se ven más alemanes que españoles, donde se visualizan más oficiales de las  SS-Schutzstaffel  que miembros del equipo de la Seguridad del conde de Mayalde. Quien, en un gesto raro e incomprensible, días más tarde y en pro de ese hermanamiento pretendido, invita a Himmler a una corrida de toros en la plaza madrileña de Las Ventas. Una imagen sorprendente pero ya usual, como lo fueron las calles centrales de Madrid, decoradas y engalanadas con gallardetes, pendones y grímpolas del NSDAP, no de Alemania, para homenajear al Reichführer Heinrich Himmler. Que va a los toros sin saber a dónde va ni que va a ver. Algo le han dicho de sangre y animales, de toreros pintureros y de sol (aunque fuera en octubre) en las gradas. Himmler que es fotografiado en uniforme, cuando lo normal habría sido ir al palco taurino de paisano, con traje oscuro y sombrero flexible de fieltro. Pero no sólo el  Reichführer Heinrich Himmler, también sus acompañantes exhiben gorra de plato y uniforme oscuro con insignias metálicas. Para demostrar, por supuesto, que no estamos en presencia de un acto civil, sino en un acto simbólico y militarizado. Sin saber,  qué pensaran los toreros que fatigan sus penas en el redondel. Que ya han brindado la muerte de un  animal al Reichführer Heinrich Himmler. Y quien más tarde, en su regreso a Alemania, y al ser interrogado por su estancia española, tuviera la indecencia de hablar de los españoles como algo vociferantes y un poco sangrientos. Eso de un pueblo sangriento, dicho por el mayor estratega del genocidio judío, resulta llamativo de la suerte de cinismo que practica el investigador de la granja avícola. Quien tenía a gala no tener sangre judía sobre sus manos, ya que nunca le había salpicado una gota del sacrificio hebreo.

Himmler en las Ventas

Pero no sólo un viaje propagandístico el de  Heinrich Himmler; ya que con su presencia española trata de obtener y renovar un antiguo privilegio de 1938, cuando la Geheime Staatspolizei, contaba en España con estatus diplomático, que le brindaba libertad de movimientos y tapaderas desde la embajada del Reich. Aunque haya otras cuestiones que alimenten el viaje ibérico del  Reichführer Himmler, que se prolonga por San Sebastián, Burgos, Madrid, Barcelona y Toledo. Un viaje que algunos señalan movido por los deseos herméticos del Deutsches Ahnenerbe,  o Sociedad de la Herencia Ancestral Alemana, movimiento arqueologizante  protegido por la Schutzstaffel-SS, en su afán oscuro por descubrir los fundamentos arqueológicos del nazismo; de un nazismo químicamente puro que exhala la organización ocultista Thule, a la que Himmler apoya y promueve y de la que participa toda la mística aria y guerrera de la SS-Schutzstaffel.

Un viaje otoñal, tras las conversaciones de Hendaya en el que se repiten las imágenes del arqueólogo falangista Julio Martínez Santa Olalla, formado en  Viena y en Bonn, donde llega a ser profesor de Cultura española y donde descubre con fervor el ideario nazi que abraza con el mismo fervor con el que realizara algunas de sus excavaciones señaladas, como el elefante de Orcasitas. Ideario que, más tarde difunde como una ‘Buena Nueva’ berlinesa desde Madrid, en conferencias y publicaciones. Conferencia como la celebrada en Madrid en mayo de 1939, en el Ateneo, en donde justifica las raíces ideológicas de los vencedores, no sólo en la historia reciente sino en la más remota prehistoria. Julio Martínez Santa Olalla, Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, CGEA,  fundador del Seminario de Historia Primitiva o SHP,  y visionario de las raíces protohistóricas del franquismo,  acompañando a la sombra misteriosa y oscura del  Reichführer  Himmler en sus visitas culturales al Escorial, al Museo del Prado y al Museo Arqueológico, y también al Toledo del asedio, a ese ‘pedestal de la leyenda’, o a ese “solar sagrado, de gloriosas piedras”. Donde recalan, Himmler y Martínez Santa Olalla,  en compañía de Moscardó en un empeño errático por localizar la Mesa del Rey Salomón. Aquella misma Mesa que despertara el sueño herido de la buñueliana ‘Orden de Toledo’, y que ahora, con el paso de la guerra quiere cambiar de manos en su búsqueda y localización; y  más aún, una vez que los destrozos bélicos de la Posada de la Sangre han debilitado todos los recuerdos. 

Himmler con Marcial Lalanda

El Reichführer Himmler en un viaje de cuatro días españoles, que se antojan pocos y cortos para un programa tan dilatado; en un viaje planificado más para el turismo aparente y el devaneo arqueológico que para los intercambios policiales visibles. Pero no hay turismo posible en tiempo de guerra ni holganza aparente ni siquiera arqueología pendiente, sólo viajes con misiones a cumplir o con retos a realizar y justificaciones castrenses imparables.  No hay turismo ni viajeros en época de contienda abierta, ni ocio posible junto a la metralla y a la granada, aunque ello no impidiera nuevos acuerdos que prorrogan lo pactado en el Tratado de Amistad de 1939, y que introducen la novedad de cargos nuevos llamados ya como ‘agregados policiales’. Para que la Sicherheitsdients-SD y la Geheime Staatspolizei  contaran y controlaran a los súbditos en la Nueva España que alborea y cuya historia explica, interpreta y  aclara Martínez Santa Olalla. Una Nueva España que se une al pasado memorioso y memorable que ya sería como el Toledo mismo, ‘pedestal de la leyenda’ o ‘solar sagrado, de gloriosas piedras’. 

Himmler en la estación de Atocha

Una Nueva España, Auténtica y Eterna, Salvada y Salvadora,  con cobertura policial e informativa suficiente; y como modelo de referencia en la reciente organización de la policía española que dirige el conde de Mayalde. Así se expone en la regulación normativa que se produce sin rubor, que se “debe de dotar al Nuevo Estado de una organización policial cuya eficacia técnica esté a la altura de las exigencias del servicio” y para ello se debe de “penetrar hondamente el espíritu del Movimiento en los servicios de Policía de forma que quede garantizada la adhesión de sus componentes a los principios de aquel en la medida que la seguridad del Estado y del régimen exigen”. Incluso, meses más tarde de la visita, el  conde  de Mayalde inicia ciertos movimientos dictados desde esa influencia alemana; dando salida a la circular de la Dirección General de Seguridad de mayo de 1941; circular que solicita a los Gobernadores Civiles iniciar el proceso informativo sobre “los israelitas nacionales y extranjeros afincados en esa provincia, indicando su filiación personal y político-social, medios de vida, actividades comerciales, situación actual, grado de peligrosidad, conceptuación policial”. Es decir, iniciando lo que estaría llamado a constituirse como el Archivo Judaico; archivo que cumplimentan y desarrollan tanto los servicios policiales directos, como la Delegación Nacional de Información e Investigación de Falange Española, que cuenta en esos momentos con más de tres mil agentes, capaces de producir un volumen ingente de datos, fichas e informes. Grueso de la información del Archivo Judaico que, a juicio de Martínez Reverte, José Finat Escrivá de Romaní, conde de Mayalde y director General de Seguridad, entregaría personalmente a   Heinrich Himmler una vez que tomara posesión como embajador de España en Berlín meses más tarde.

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