Ya he acabado de leer el libro Between Fixed and Fickle: Why our moral views keep changing, de Audun Dahl. Voy a explicar primero lo que argumenta que Dahl y luego hago una valoración general del libro.
La pregunta inicial es:
“Si las verdades morales son fijas, ¿por qué siguen cambiando las opiniones morales?
Si la esclavitud es obviamente incorrecta, ¿por qué tanta gente la aceptó durante tanto tiempo?
Si mentir es obviamente incorrecto, ¿por qué tanta gente miente?
Si pegar a otros es obviamente incorrecto, ¿por qué nosotros pegábamos sin remordimientos cuando éramos niños?”.
Es decir, ¿por qué existe el cambio moral? Hay tres situaciones en las que vemos cambio moral claramente. Una de ellas es a lo largo del desarrollo de un niño; otra es según las distintas situaciones en la vida. Y la tercera es el cambio que ha ocurrido a lo largo de la historia. Y lo que hace Dahl en esencia es rechazar la explicación más popular sobre por qué cambian las opiniones morales, lo que él llama “la historia del “fijo y caprichoso” (fixed and fickle)”. Según esa narrativa, las personas cambian sus ideas morales porque su sentido moral es inestable, manipulado por egoísmo, sesgos inconscientes, emociones automáticas o autoridad ciega. Dicho de otra manera, el cambio moral se produciría por razones “inmorales”, es decir, lo que es moral todo el mundo lo sabe y está claro pero si no se cumple es por otras razones egoístas y de otro tipo. Dahl argumenta que esta visión es equivocada y tóxica, porque nos permite demonizar a quienes piensan diferente.

Habría muchos ángulos desde los que enfrentar el problema del cambio moral y Dahl se centra principalmente en esto, en combatir este paradigma o teoría.En su lugar, propone que los cambios morales ocurren principalmente cuando las personas ven razones que pueden articular y defender. Ya sea en el desarrollo infantil, en situaciones concretas o a lo largo de la historia, la gente modifica sus juicios morales porque actualiza sus preocupaciones, sus conexiones entre ideas o sus prioridades. El libro defiende que, para entender el cambio moral, debemos preguntarnos por las razones que la otra persona tiene, en vez de asumir que está cegada por fuerzas amorales. De nuevo: la gente tiene razones morales para cambiar la moral.
¿Es Audun Dahl un relativista moral? No exactamente, aunque tampoco es un absolutista. Dahl no defiende un relativismo radical (la idea de que “todo vale” o que no existe ninguna verdad moral). Lo que Dahl rechaza es la idea de que existen verdades morales fijas e inamovibles que todo el mundo debería ver con claridad y la explicación habitual de que cuando la gente cambia de opinión moral es porque es débil, egoísta, irracional o está manipulada por sesgos inconscientes.
Lo que Dahl defiende es que las normas y juicios morales cambian realmente a lo largo del tiempo, en las personas y en las sociedades. Según él, estos cambios ocurren principalmente porque las personas encuentran razones que consideran válidas para modificar sus preocupaciones morales, cómo conectan esas preocupaciones y cómo las priorizan.
Esto permite que exista progreso moral (como la abolición de la esclavitud o los derechos de las mujeres), pero sin asumir que las verdades morales son eternas ni que la gente sea simplemente “mala” o débil cuando cambia de opinión.
En resumen, Dahl cree que la moralidad es razonable y que las personas suelen cambiar sus ideas morales por razones que pueden explicar y defender, aunque no siempre sean las mejores razones. Es una visión que invita a entender primero las razones del otro antes de demonizarlo.
Me he comprado y leído este libro porque este tema del cambio moral me fascina y tengo que decir que he encontrado poco de interés en él. Resumiendo mucho el problema del cambio moral, trata de los procesos de “moralización” y de “des-moralización” o “a-moralización”. La moralización es el proceso por el que una cosa que era neutra moralmente pasa a ser incluida dentro del campo moral, es decir, del campo del bien y el mal, de lo bueno y lo malo. Ha pasado con el hecho de fumar y está pasando con el hecho de comer carne que es considerado ya inmoral por cada vez más gente. La Desmoralización o Amoralización es justo lo contrario: sacar un tema del campo moral y hacerlo neutro. Ha ocurrido por ejemplo con la homosexualidad. Pues bien, Dahl no habla de esto en el libro.

Me parece muy interesante entender cómo surge el cambio moral. Ya que hablamos del consumo de carne, ¿cómo se inicia el proceso de hacer inmoral el consumo de carne? ¿Quién lo inicia? ¿Quiénes han sido los pioneros de los cambios morales que se han producido a lo largo de la historia? ¿Cómo ocurre que un individuo o grupo de individuos se enfrenta al resto de su propio grupo en unas cuestiones tan cargadas, sensibles e incluso peligrosas? ¿Por qué el movimiento contra la esclavitud surgió cuando surgió y no 200 años o 2.000 años antes? ¿Por qué unos cambios morales triunfan y se imponen o extienden a toda la sociedad -como la aceptación del matrimonio homosexual- y otros no triunfan?
Sabemos que una razón es el daño. Como vengo defendiendo, la moral va de daño (daño intencionado no justificado= inmoral) y una razón clara del cambio moral es que detectamos nuevos daños a los que antes éramos ciegos o eran daños inevitables. Siguiendo con la carne, comer carne en tiempos ancestrales era inevitable y una cuestión de supervivencia. Hoy en día, gracias a los adelantos tecnológicos, ya no lo es. Con el daño del tabaco para los no fumadores ocurrió lo mismo…
Pues bien, Dahl no habla de nada de esto, ni de la moralización, ni del daño, ni cita la visión evolucionista de la moral (nada más que en una línea) ni entra de una manera profunda o filosófica en nada de esto. Voy a resumir a continuación su explicación del cambio moral pero antes es relevante dejar clara su definición de moral: “En este libro, la moralidad se refiere a nuestras opiniones sobre cómo deberíamos tratar a otros seres sintientes”. También dice: “Para una persona p, la moralidad está compuesta por las preocupaciones que p considera obligatorias sobre cómo tratar a otros seres sintientes, junto con el razonamiento, los juicios, las emociones y las acciones que reflejan esas preocupaciones”.
Según Dahl, las normas y juicios morales cambian realmente a lo largo del desarrollo individual, en situaciones concretas y a lo largo de la historia, porque las personas encuentran razones que consideran válidas para actualizar tres aspectos fundamentales de su moralidad.

En primer lugar, modifican sus preocupaciones morales, es decir, amplían o reducen el conjunto de cosas que consideran moralmente relevantes. Por ejemplo, hace unas décadas muchas personas no tenían una preocupación moral fuerte por el sufrimiento animal o por el impacto del cambio climático en las generaciones futuras; hoy sí la tienen.
En segundo lugar, cambian sus conexiones: relacionan esas preocupaciones morales con temas o prácticas concretas de forma diferente. Alguien puede tener la preocupación general de “no hacer daño innecesario” y, de repente, conectarla con el consumo de carne, con ciertas prácticas laborales o con el uso de combustibles fósiles, lo que antes no hacía.
Y en tercer lugar -y esto es lo más importante-, reorganizan sus coordinaciones o prioridades: cuando varias preocupaciones entran en conflicto, deciden cuál debe pesar más. Así, una persona puede seguir valorando la libertad económica, pero ahora darle más peso a la reducción de la desigualdad, o seguir queriendo comodidad en el presente pero priorizar la protección del planeta para las generaciones futuras.
Cuando muchas personas actualizan simultáneamente estas tres dimensiones (preocupaciones, conexiones y prioridades), se producen los grandes cambios morales y sociales que observamos en la historia. Para Dahl, este proceso no es irracional ni caprichoso sino que las personas suelen cambiar porque ven razones que pueden articular y defender, aunque no siempre sean las mejores razones.

Todo esto está muy bien pero me parece una visión muy a vista de pájaro. No va ni resuelve, en mi opinión, las tripas del asunto: ¿Por qué cambian esas preocupaciones, conexiones y coordinaciones? ¿Por qué cambian precisamente en el momento en que lo hacen y por qué muchas personas actualizan simultáneamente estas tres dimensiones en unos casos y no ocurre en otros? ¿Por qué las percepciones, conexiones y coordinaciones de las visiones de la esclavitud, la homosexualidad, fumar o la carne han cambiado cuando lo han hecho y no 40 años antes o después?
En resumen, me parece que el libro deja abiertos los principales interrogantes con respecto al cambio moral. Me despido con un extracto del libro. Casi al final, Audun Dahl explica por qué no ha dado su opinion personal en ningún momento y no ha hecho juicios morales y se ha limitado a ser descriptivo y no prescriptivo. Y dice algo que creo que es interesante:
“Ya avanzado el libro, ¿ha llegado el momento de que el autor opine un poco? ¿Se quitará por fin la corbata académica y nos dirá lo que realmente piensa sobre la moral, la política, la religión y cómo llevarnos bien?
Podéis encontrar la receta del psicólogo para que todos nos llevemos bien… pero no la encontraréis aquí.
No la encontraréis aquí porque no creo que sea privilegio de mi profesión decirle a la gente cuándo debe llevarse bien con los demás. No la encontraréis aquí porque no creo que debamos llevarnos bien siempre. Hay cuestiones sobre las que no deberíamos ponernos de acuerdo, y personas con las que no deberíamos llevarnos bien. No daré nombres.
Es un error de los psicólogos preferir siempre la armonía al conflicto. El reino del psicólogo es la mente, y en la mente la armonía se siente bien. Pero fuera de la mente, la historia demuestra que a veces el conflicto es necesario. He citado a Martin Luther King Jr., quien advirtió que «hay cosas sobre las que debemos permanecer siempre desajustados si queremos ser personas de buena voluntad». Elija la postura política que elija -conservadora, progresista, religiosa, de la Costa Oeste, de la Edad de Bronce, comunista no violento o tecno-utópica-, las cosas que hoy consideramos bienes morales se conquistaron mediante lucha y conflicto.

Por eso no estoy prescribiendo ni la armonía por encima del conflicto ni el conflicto por encima de la armonía en todos los casos. Pero sí diré esto: si vamos a condenar a alguien, o a confiar en él, hagámoslo basándonos en hechos. Si vamos a demonizar a alguien, que sea porque realmente es un demonio. Si vamos a glorificar a alguien, que sea porque realmente es glorioso.
Podemos esforzarnos por tener una psicología moral correcta respecto a esas personas: nuestros enemigos, nuestros amigos y los terceros. Tener una psicología moral correcta significa imaginar a las personas tal como son. Significa atribuirles las preocupaciones morales, las conexiones, las coordinaciones y las razones de cambio que realmente tienen.