Ángel  Fernández Alba: viento del Norte, viento del Este

Ha muerto Ángel Fernández Alba (Salamanca, 1943- Madrid, 2026), hermano menor, del también arquitecto salmantino Antonio Fernández Alba (1927-2024), a los 82 años en Madrid. A quien la mayoría de edad de Antonio y su relevancia, casi todo lo opaca en los diversos espacios disponibles, como puede comprobarse en los rastreos virtuales y digitales de bases de datos. Por más diferencias reales que existan entre la obra de ambos hermanos. Antonio con una relevancia primera, que le lleva desde su condición de miembro fundacional del Grupo El Paso, a ser, posteriormente, corresponsal activo de la revista francesa L’ Architecture d’ aujourdhui; lo que le situaba en una posición privilegiada para interpretar los sucesos culturales que se despliegan en España del último franquismo, donde contribuye al proceso crítico con sus publicaciones relevantes como fueron el artículo del número 77 de Nueva Forma, De la arquitectura de la condescendencia a la arquitectura de la contestación (1972); después  La crisis de la arquitectura española, 1939-1972 (1972), y luego con el artículo de CAU, en 1981, Arquitectura 1970-1980. La forma sin rostro o el retorno de lo reprimido; para cerrar el ciclo con La destrucción de la ciudad en España 1960-1980 (1986). Corroborando estilísticamente la inflexión de los principios del Movimiento Moderno, optando por la salida más próxima al Organicismo de Alvar Aalto y otras vías nórdicas, como manera de atemperar lo que el mismo denominó en su primer citado trabajo, De las voces del silencio a los ejecutivos de la acción. Como demuestra, por demás, la exposición de 1973 en el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, Antonio Fernández Alba, arquitecto, comisariada por Guillermo Vázquez Consuegra y Gonzalo Diaz Recasens, con coordinación de Víctor Pérez Escolano. Para componer, todo lo citado, una censura evidente al panorama nacional de la arquitectura y de la ciudad.

Por su parte, Ángel opta por un estrategia diferente de menos relieve en los medios, pero a la postre más significativa por callada que fuera.  Ambos relevantes –por lo que nos ocupa en proximidad– en la escena urbana de Ciudad Real: Antonio aparece en primera ocasión junto a Cano Lasso en la ordenación del Polígono de la Granja en 1972; posteriormente responsable de la ordenación del campus universitario y autor de diferentes edificios de este; Ángel, realiza en 1982 el Centro de Calidad de la edificación; responsable del proyecto del Hospital General en 1996 y en 2005 del Conservatorio de música Marcos Redondo. 

Hospital de Ciudad Real

Estudia en la Escuela de Arquitectura de Madrid obteniendo en 1970 el título de arquitecto. De 1970 a 1975 vive en Londres, Filadelfia y Nueva York donde completa y amplía sus estudios y trabaja profesionalmente en diversas firmas profesionales, estableciendo definitivamente su práctica profesional en Madrid en 1976.

La nota fúnebre de la revista Arquitectura Viva dejaba ver sólo algunos rastros de su perfil y de su obra: “El arquitecto, paisajista y editor salmantino, profesor de Proyectos en la ETSA de Madrid, construyó algunos de los principales hospitales del país, en Zaragoza, Badajoz, Alicante, Valencia o Ciudad Real. Entre sus obras más conocidas se encuentran las cancillerías de las embajadas de España en Estocolmo (1990) y Helsinki (1992), el invernadero del Jardín Botánico de Madrid (1993), la Facultad de Derecho de Alcalá de Henares y las intervenciones urbanas en las calles madrileñas de Preciados y El Carmen”.

Y aquí en esa referencia nórdica de las embajadas aludidas, aparece una de las primeras vertientes de los intereses de AFA, que quiero destacar y que dejaría en un segundo plano la visión más propia de su estancia británica, volcadas en el interés efectivo por lo tecnológico, de estirpe derivada de James Sterling –se comprueba de forma efectiva, en el Invernadero del Jardín Botánico de Madrid (1991) como trasunto industrialista y neotecnológico. Actitud, que pronto sería desplazada por el desarrollo de la elementalidad severa y constructiva de la arquitectura nórdica. En este sentido es reveladora la distinción concedida por el gobierno de Finlandia a AFA, con la distinción de Oficial de Primera Clase del León de Finlandia. En ese sentido, en 1997, publicaba en la revista BAU el texto Visiones de un arquitecto. La mirada del norte, que lógicamente bebía de su experiencia previa en Suecia y Finlandia y de la anterior muestra de 1983, en las galerías del  el MOPU, sobre Clasicismo nórdico (1910-1930). Mirada al Norte que, obviamente, marcaba unas referencias nítidas y unos intereses claros.

Pedro Moleón, casi en paralelo a la experiencia nórdica, publicaba en la revista Arquitectura, número 291 de 1992, el texto Ángel Fenández Alba o la calidad del corredor de fondo –donde Moleón fijaba ahora su primera vinculación con la órbita británica, con esa referencia cinematográfica a La soledad del corredor de fondo, película de Tony Richardson, de 1962– donde fijaba diferentes anotaciones, pertinentes en su proceso formativo y en su desarrollo intelectual. Posteriormente Moleón volvería a indagar en la obra de AFA, ya en 1994, con la pieza Ángel Fernández Alba, dentro de la colección Artistas españoles contemporáneos de la Fundación Argentaria. 

Planos Hospital de Ciudad Real

De igual forma, al publicar el proyecto de AFA, de la Escuela de Ingeniería Agrícola de Palencia (Arquitectura, 248, 1984), se hacía acompañar por un texto introductorio del director de Nueva Forma, Juan Daniel Fullaondo, que atiende a la prolongada actividad viajera del arquitecto, a su contexto generacional y, sobre todo, al fondo de influencias, en clave cosmopolita, presentes en su obra: “Titulado en 1969 por la Escuela de Madrid, hasta 1976 ha continuado su formación en el University College y en la Architectural Association de Londres, en la universidad d Pennsylvania, en la oficina de Gruze Partners de Nueva York, en Salzburgo, son nombres como los de Christopher Jones, Peter Cook, Cedric Price, Peter Smithson, Stirling, Buckminster Fuller, Kahn y Venturi los que sirven como referentes . a constatar el bagaje final de esa formación angloamericana”. El citado trabajo de Moléon de 1992 en la revista Arquitectura se veía complementado con una conversación monologada, sostenida entre AFA y Pedro Urzaiz y Carlos Pérez-Pla, El arte por los suelos, conversaciones en las nubes. A propósito de la obra de Ángel Femández-Alba, que fijaba la exposición sostenida en 1991, en el COAM sobre 5 proyectos+6 metáforas urbanas. Donde se puede encontrar un batiburrillo de declaraciones, manifestaciones, pensamientos, florecillas, referencias de todo tipo y un paseo por esas nubes que se citan. “El espacio que queda entre los edificios es mucho más importante que los edificios mismos; este es el espacio urbano y colectivo por excelencia, el que cualifica a la ciudad moderna” … “La arquitectura invade el tiempo espacio como la pintura el espacio”; que tal vez entre en conflicto con la afirmación simultánea de “yo: algunas veces veo algo y entonces lo pinto. Otras veces pinto algo y luego lo veo”. Es decir, a la altura de 1991, AFA es un cúmulo de datos y sensaciones que apuntan al cielo, desde el suelo mismo. Como se advierte, por otra parte, en el proyecto de la muestra señalada, que responde al título Cerro del viento, colina de los Chopos y otras metáforas urbanas, y pensado para una exposición al aire libre en la residencia de Estudiantes. Una actuación con veintidós referencias nítidas de composiciones que evocan la propia Colinade los Chopos –donde se ubica la Residencia– hasta las Citas Lapidarias, la Playa y J de Jiménez, la Metáfora marina o la Pajarita española que denomina Origami.

Invernadero del Jardín Botánico de Madrid (1991)

La disolución del canon nórdico inicial citado antes fue desplazada de manera no confesada abiertamente, pero si advertible en diferentes registros, por el modelo nipón –fruto de alguno de sus viajes y de alguna cinematografía capturada de Ozu o de Kurosawa, que ya había desplazado al Richardson primerizo y al Bergman posterior–, que acabaría introduciendo aspectos novedosos en su proceder proyectual desde el esquematismo zen y desde el rigor formal de un haikú construido. Y ello, ya resulta visible en su obras –mejor aún, en fragmentos de sus obras, como piezas de un collage dispuesto meditadamente– posteriores de Ciudad Real. Tanto el Hospital General Universitario –cuya planta, Antón Capitel lee bajo la influencia central de Hans Scharoun, con otras posibles referencias asignables a diversas matrices organicistas– como el Conservatorio de Música, y luego en 2007 el parque Juan Pablo II –todos ellos realizados en colaboración con Soledad del Pino–, manifiestan modos y sensibilidades claramente orientales, como si se hubiera producido una mutación apacible e invisible del rigor del metal tecnológico a la densidad formal de una floración en curso. Ubicables, todas esas pequeñas citas, en la incidencia del paisaje circundante como parte de la arquitectura desplegada y como referencia de los señalado en sus meditaciones de 1991. También en algunas resoluciones formales y constructivas, como la captura del agua de lluvia o la aparición fortuita de un bosque de piedra densas. 

En 2007 se publica en libro Conservatorio Profesional de Música de Ciudad Real, con un relevante trabajo de Antón Capitel, La condición inagotada de la modernidad, que ampliando lo publicado en 2002 en la revista ArtÁngel Fernández Alba del XX al XXI, aporta claves suficientes para completar la lectura de la obra de AFA. Finalmente, participa en la XI Bienal de Arquitectura de Venecia, de 2008 y más tarde en la itinerancia internacional del Pabellón español para la XI Bienal de Arquitectura de Venecia 2012.

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