Los libros que nos construyen y nos salvan

La relación con un libro tiene mucho que ver con la relación con una persona y no sólo porque un libro sea también -sobre todo si es un ensayo-, una conversación con el autor, sino porque suele aparecer por azar o recomendado por algún amigo cercano o por esos desconocidos que leemos mucho y forman parte de nuestra vida.

Hay libros que pueden ser muy buenos, pero que no nos fascinan, que no establecen con nosotros la conexión emocional que hace que los leamos con esa vinculación especial que puede movernos cosas esenciales. Hay otros que se leen en un momento que no es el suyo y se abandonan o se desdeñan hasta que, quizá después de muchos años, los volvemos a encontrar justo cuando los necesitamos e iluminan nuestra vida.

Hay libros que nos gustaron mucho y marcaron una época de los que con el tiempo nos avergonzamos un poco y los vemos esquemáticos o cursis o simplemente consideramos sus planteamientos poco verdaderos con relación a lo que ha sido nuestra experiencia. Como nos pasa con esos amigos que dejaron de serlo porque se fueron convirtiendo en extraños poco a poco.

Hay libros que seguimos buscando muchas tardes, vagando en una librería o en nuestra propia biblioteca, porque necesitamos ese impulso que nos vincule al mundo y a la vida y que aporte sentido a lo que hacemos o al tiempo que nos queda. Y nos ponemos tan nerviosos como cuando nos sentimos solos y necesitamos hablar con alguien que nos comprenda y no lo encontramos fácilmente.

Esos días en que perdemos la memoria de quienes somos y hay que buscar en los estantes o en el iPad esos libros que nos construyeron o nos dieron tanto placer y que en ese momento hemos olvidado aunque los tengamos muy cerca, hasta que descubrimos justo el que necesitamos y entonces la niebla comienza a desaparecer y vislumbramos el sol emergiendo tras las palmeras.

“Los verdaderos libros son los que nos forman en alguna etapa de nuestra existencia. Los que se constituyen en componentes de nuestro quien. Tras su lectura puedo decir: quien soy es distinto de quien hasta entonces era.”

CARLOS CASTILLA DEL PINO. “Aflorismos”


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8 Comentarios

  • Curiosa la vocación aforística y tardía de Castilla del Pino, que emerge en los ‘Aflorismos’. Y que puede leerse como un contrapunto de su trayectoria profesional como psiquiatra. Pensamiento disperso versus Pensamiento continuo. Por cierto, Castilla es de los que aparecen, creo que indebidamente, en el texto de Gregorio Morán censurado ‘El cura y los mandarines’, como uno de los ‘logreros’. Por cierto, dice Marías en su última novela ?así empieza lo malo’, que “los libros siempre nos esperan”. Frente a las personas ” a las que siempre llegamos tarde”.

  • Ya sabes que Castilla del Pino me ha interesado siempre y vuelvo a él de vez en cuando, a veces en cosas psiquiátricas, a veces en otros textos como los “aflorismos”, algunos de los cuales me parecen sabios y me proporcionan ese sosiego tan necesario algunas veces.

    Solo sé lo que ha circulado por las redes del libro de Moran, del que últimamente he leído la biografía de Suarez y la Historia del PC y generalmente su sabatinas. Es un tipo que me gusta leer, que valoro en un país como éste, pero al que creo que también hay que leer con cierta distancia porque hace relatos demasiado nítidos, demasiado en blanco y en negro, aplicando la lupa quizá con algunos sesgos y bastante superioridad moral, lo que con el tiempo he aprendido que no suele ser real del todo. Supongo que entrar en la academia supone tiras y aflojas, negociaciones, tener amigos dentro, pretenderlo, lo de siempre. He leído que se queja de que no entrara Umbral que. por cierto, hizo lo imposible por entrar después de pasarse la vida diciendo que no le importaba y del que hay una biografía que trasparenta hasta que punto transigió muchas veces con las fuerzas vivas incluso del régimen para llegar a ser quien era, aparte de sus méritos literarios que eran muchos. En fin las vidas que son largas y procelosas a pesar de lo que se manifieste directamente. Aunque ahora parece que se trata de despotricar de todo el mundo en un tiempo de aguas revueltas.

    Me encantó el artículo de Marías y no se porqué ayer no me acordé de eso de que los libros siempre esperan y es verdad, como dices, que, muchas veces, las personas no. Incluso pensé que la idea de una revista como ésta, en medio de la jungla de internet en la que es fácil perderse, es también construir un lugar donde siempre poder volver y reencontrar o descubrir algunos libros o textos o películas que siempre nos estarán esperando.

  • A Castilla te lo perdistes en su presentación en Ciudad Real de ‘La casa del olivo’. Y era todo lo contrario de lo anunciado por Morán, quietud y sosiego en sus palabras atinadas. De logrero poco. En el libro Morán se lamenta, por el deicidio académico de Umbral y tumba a los demás por el folletito de la exposición ‘Otros abanicos’ que pagara Paco Fernández Ordoñez, desde el Banco Exterior, antes de llegar al Ministerio de Exteriores. Curiosidades. Dice con facundia, que fueron comprados todos por Felipe González por 50.000 pesetas.¡ Manda huevos! Igual escribo algo sobre los temidos ‘abanicos’.

  • Naturalmente, y por alusiones, Umbral era un trepa de cuidado, pero más bien lo literaturizaba que lo disimulaba, y ese era uno de los puntos que precisamente admiraba del infame de CJC. Quien conoce a Umbral por su imagen pública apenas le conoce, esa proyección de tipo oportunista, entre rígido y golfo, disfrazado de sí mismo, dos veces miope… Pero le gustaba descubrir y descubrirse escribiendo mucho más que a Camilín, y tal vez por eso hasta Morán le indulta en ese libro de ajusticiamientos masivos que, en mi opinión, hay que leer.

  • caterva. (Según la RAE)
    (Del lat. caterva).
    1. f. Multitud de personas o cosas consideradas en grupo, pero sin concierto, o de poco valor e importancia. U. t. en sent. peyor.

    parece sencillo pero quizá no lo sea tanto. ¿Cuál es la referencia de Morán?. ¿Qué es lo que se tendría que haber hecho según su paradigma?. ¿Por qué justamente eso hubiera salido mejor?¿Qué otro grupo no era o no sería ahora considerado una caterva por jóvenes inteligentes?.

    No está, ni estaba tan claro. Otra cosa es que apetezca o lo pida el cuerpo tenerlo claro. Pero no estoy seguro que esté tan claro. A pesar de los traidores. Y de los muchos gilipollas o de los insolventes o de los gánsters de pacotilla. No sólo el diagnóstico sino lo que habría que haber hecho y la medida de sus resultados. Aunque es difícil medir y aunque nadie le interesa medirlo. Lo reconozco.

  • El que sea joven e inteligente que juzgue. Yo, por mi parte, entiendo que quizá había una cierta inevitabilidad en arramplar con la herencia del franquismo, pero se hizo muy alegremente, y, por lo que sé, no todo el mundo estuvo igualmente dispuesto a ello.

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