Jerry Lewis y la Nueva Masculinidad

Para Sergio Catá, 49 cines

Las mujeres se deben a su sexo; y los hombres no tienen sexo.

Juan BenetEn la penumbra

Pensamos que Hollywood es desde siempre una industria del puro y duro entretenimiento y bastante conservadora políticamente, el star system o la “fábrica de sueños” que analizaba con ironía Ilya Ehrenburg, pero no es cierto. Aparte del hecho innegable de que de allí han salido los grandes talentos del cine clásico mundial (sobre todo porque después de la SGM sólo EEUU tenía el dinero y la voluntad de relevar a Europa en este aspecto y en todos los demás aspectos), hay películas ya antañonas que vistas hoy nos sorprenden por lo adelantado y valiente de sus planteamientos. En esta revista hablábamos hace poco de la maravillosa Una mujer para dos, de Ernst Lubitsch , en la que se plantea nada menos que un trío amoroso feliz y duradero en el año de 1933 –todos son treses en esto, como en los antiguos chistes de médicos. Pero luego he visto otras, aprovechando esta ocasión de máximo disfrute del alquiler abonado religiosamente por uno que nos brinda la presencia en nuestras calles de una gripe saltarina y funesta.

Ariane, por ejemplo, que es de 1957 y nada menos que de Billy Wilder, vuelve a contar con Gary Cooper para encarnar esta vez el papel de un playboy muy, pero que muy maduro que se acuesta sin despeinarse con una angelical y jovencísima Audrey Hepburn en un hotel de lujo pero que más tarde es encantadoramente -no me suena que este adverbio haya sido utilizado nunca antes, pero si lo ha sido, se refería con toda seguridad a la bella Audrey…- pescado por ella para el santo matrimonio no vaya a ser que el público salga de la sala pidiendo la cabeza del director austriaco. En Retrato de Jenny, de 1948, una de las películas más extrañas y expresionistas que se hayan rodado jamás -y que tenéis, para aburriros o para ponerla por las nubes, tertium non datur, en Youtube-, ya Joseph Cotten había sufrido un crush por una niña más pequeña todavía que la Lolita de Nabokov, lo que ocurre es que espera caballerosamente a que la nena crezca, no faltaría más, mientras que él permanece inalterado y el mundo gira más despacio a fin de dar la oportunidad a Jennifer Jones de pasar de niña a mujer, que diría Julio Iglesias (bueno, ya no lo diría, ni aquello indisimuladamente asaltacunas de “lo de lo mejor de tu vida me lo he bebido yo…”)

Pero la mejor, sin duda, de todas las que he visto últimamente, como si fuera yo un Deleuze encerrado con su proyector casero y dándole al coco, la más descarada y chispeante, sólo comparable con la de Lubitsch, es Bésame, tonto, una vez más de Billy Wilder (parece mentira, pero sí, el cine estadounidense necesito esta transfusión de sangre de una vetusta pero anti-nazi[1] germanía para rejuvenecer), en 1964. En esa comedia, Dean Martín hace de sí mismo, condescendiendo a la autoparodia, Kim Novak está espectacular[2], y no sólo como actriz, y el enredo consiste en que, tontamente, y como quién no quiere la cosa, se hace un intercambio de parejas en el que todos quedan sexualmente contentos y aquí no ha pasado nada. Magnífico. Ayer, sin embargo, vi otro clásico que me impresionó en la pubertad. Se trata de El profesor chifladoThe nutty professor-, una película de Jerry Lewis, el predecesor de Jim Carrey, que es un año anterior a la de Wilder pese a que es a color. Cuando mis compañeros de clase y yo la vimos de niños, o de preadolescentes, nos duró la fascinación una semana. Recuerdo que incluso dibujamos mil versiones del personaje principal de la historia, ese que Eddie Murphy[3] intentó emular sin éxito en 1996. Como eran aun tiempos de Tercera Ola Feminista, aún podíamos fantasear con que existiera una poción que, a falta de proporcionarte la superfuerza de los galos (la superfuerza siempre lo primero, como dice en un monólogo Ernesto Sevilla, que le den a la superinteligencia…), por lo menos te convirtiese en un seductor irresistible. Y en la película de Jerry Lewis, que es malísima, queda bien claro sin embargo que un supermacho es un imbécil engreído, un presumido insufrible y un cretino presuntuoso y matón, y aquí está lo extraño de esta tonta película.

Es extraño, porque hasta siete años antes, Lewis había sido socio de Dean Martin, y lo que parece en El profesor chiflado es que el primero se está burlando del segundo para “poner en valor” -como se dice tanto ahora, no sé por qué- que es mejor ser el tipo de hombre que él representaba en aquel dúo que el que representaba Martin. Porque el homenaje/sátira es manifiesto: Buddy Love, el Mr. Hyde de Jerry Lewis, canta el mismo tipo de canción crooner que Dean Martin, y lo canta, igual que él, mientras fuma. La venganza, o la reivindicación, de Lewis estriba en que finalmente es el alter ego débil y ridículo el que se lleva a la rubia platino, y no el galán arrebatador, lo cual es más extraño todavía. En el monólogo final, el profesor chiflado hace un discurso totalmente actual que podría clavar una por una las palabras de los portavoces de las llamadas Nuevas Masculinidades. Se critican fratrías, o sea, el deseo de los varones heterosexuales de caer bien y hacer piña con otros varones, se defiende la exposición pública de la vulnerabilidad del varón hetero y su derecho a confesar la existencia de ocultos y frágiles sentimientos, y prácticamente se viene a decir que los machirulos de toda la vida son “tóxicos” -una expresión, por cierto, que deberíamos revisar en general, ya que se aplica en otros contextos. Sorprendente. 1963, el año del asesinato de Kennedy, con el estilo de virilidad fiestera Rat Pack pegando fuerte, en cartelera El gran McLinlock con John Wayne, Hud con Paul Newman y La gran evasión con Steve McQueen…

Quizá fue por eso que Dean Martin pilló la indirecta y se prestó a reírse de sí mismo en Bésame, tonto el año siguiente, siempre y cuando quedase claro que si su personaje no se acostaba con Kim Novak tampoco debía irse de vacío. El profesor chiflado de Jerry Lewis, en su faceta de científico tarado, no sólo simbolizaba un firme alegato a favor de Clark Kent frente a Superman (y al contrario que Tarantino en Kill Bill 2), sino que también se anticipaba a las masculinidades nerd de The Big Bang Theory. Jerry Lewis, al que teníamos por un entrañable payaso, como un visionario de dinámicas sociales contemporáneas. Naturalmente, El profesor chiflado no llega a los extremos de denunciar al patriarcado como una enfermedad, como se puede oír hoy frecuentemente en conferencias en Internet, ni tampoco a atacar las inercias de los injustos privilegios sociales, económicos y políticos del hombre sobre la mujer en el mundo actual. Son los años sesenta, los años dorados del capitalismo, La mística de la feminidad acababa de publicarse y los Beatles aún llevaban corte de pelo de casco. No obstante, Jerry Lewis tuvo la ocurrencia de hacer eso, un poco por motivos personales y otro poco por hacer muecas: una defensa sin ambages de lo que El Fary llamaba el “hombre blandengue”, pero nosotros denominamos, en singular cuando se refiere a heteros, la Nueva Masculinidad. Con un par de cojones, o, mejor dicho, con un par de paletos delanteros postizos. No la vean, que el resto del guión es horrible, pero allí plantó Jerry Lewis una semillita. Y, de hecho, la rubia platino en el último segundo de le película se gira hacia el espectador y le hace un guiño, como diciendo “creíais que era tonta, pero con el tipo este tímido y poquita cosa me va a ir cien veces mejor que con el otro chulo, mujeriego, fanfarrón y cantatriz”. ¡A la mierda, Dean Martin!


[1]Es curioso que mientras que los alemanes y austriacos exiliados hacían grandes películas en Estados Unidos, los estadounidenses como Walt Disney se hacían filo-nazis, como viviendo en un mundo aparte (muy buena, por cierto, aunque muy irreal, la interpretación de Tom Hanks en el papel de Disney en Saving Mr. Banks, una película de Disney…)

[2]A mí me parece que a la Novak la engañaron dándole papeles trágicos (no sólo Vértigo, sino en la muy machista, pero que deja un amargo sabor de duda muy curioso en la última escena, Un extraño en mi vida, de 1960) en vez de cómicos. Kim podía haber sido la Cameron Díaz del Hollywood dorado, dentro de lo que hubiese podido, pero sólo es mi opinión…

[3]Vaya mierdas que hace, con lo que le queríamos los tarrillas fungiendo de Superdetective en Hollywood primera parte…

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2 Comentarios

  • Qué mal caía Dean Martin, verdad. La selección de títulos es impecable, qué delicia “Arianne”, y “Bésame, tonto” es una de las películas menos valoradas de Billy (por cierto, el austriaco nunca se sintió orgulloso de la cinta, fue un fracaso en las salas y su respeto por el público era total, mojigato o no). Lo de “Portrait of Jenny” es tremendo, con esa Jennifer Jones en la pubertad, pero claro, nos caía tan bien Joseph Cotten que no le juzgábamos. Qué película más maravillosa y extrañamente romántica la de Dieterle. Yo apunto otra que cambió el cliché de ligón, “El apartamento”, C.C. Baxter podría ser el precedente de ese intelectual gafapastas que nos sigue seduciendo con sus películas, y que publica ahora sus memorias (¡qué ganas de leerlas!).

  • El apartamento es una película tan buena que no parece de este mundo, y sin embargo es la película perfecta para la gente normal de este mundo… Y luego se pasan la vida buscando la gran novela americana: esa es El apartamento, que, aún siendo cine,se diría que realiza y culmina el espíritu de la novela decimonónica. A mi no me cae nada mal Dean Martin, mi última interjección es irónica. Gracias…

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