1950. O circa

RalphSteiner "La gitana Rose Lee y su chicas"

El pie de la foto de Ralph Steiner (1899-1986) fotógrafo y director de cine experimental (director de fotografía con Robert Flaherty en 1922 con Nanuk el esquimal), plantea muchas dudas, al ubicar el momento de su captura en un periodo de tiempo muy amplio: 1950-1951. Aunque en sus datos de Wikipedia, esa foto está datada en 1944, y se la quiere imputar a Arthur Felig (alias Weegee), fotógrafo de calle en blanco y negro. Todo ello en la medida en que Steiner estaba más interesado en la serialidad de la técnica y en el imperio arrebatador de la industria, como demuestran sus películas de 1929 (H2O) y de 1930 (Principios mecánicos), por lo que rara vez se posaría su mirada en un grupo humano de gitanas o de coristas y cabareteras.

Ralf Steiner

No sé si el problema es de Steiner, que no recuerda con precisión el momento de su disparo; o que nos quiere dar a entender que lo que allí mostró y capturó requirió un proceso muy prolongado y dilatado. Quizás toda sea más simple, y la duda del momento no sea tanto la duda de Steiner sino la de su agencia, la de su representante o la de su antólogo, que, a falta de una datación precisa, optan por esa imprecisión que equivale al ‘circa’ o aproximadamente, de manera difusa y deshilvanada. Y parece excesivo ese intervalo de veinticuatro meses para verificar un asunto aparentemente simple. Incluso otros, quieren retroceder a 1944, con Estados Unidos en planea Guerra Mundial y Steiner por las carreteras despobladas del interior yankee, con las chicas semidesnudas, haciendo tonterías a borde de un cochazo. Extranjero para más detalle.

Una carretera, secundaria a todas luces, del interior profundo de Milwaukee a Baton Rouge. Basta ver lo descuidado de sus bordes y la ausencia de los arcenes, mordidos ya por la vegetación, también la falta de pintura o de señalización horizontal; de esos trazos que ayudan al conductor a entender mejor el trazado y sus límites y no salirse de la calzada transitable y evitar un percance. Incluso esa posibilidad anómala de detener el tráfico en una vía rodada para realizar, no una instantánea, sino una foto que goza y cuenta con una composición estudiada, que por elemental que nos parezca requiere siempre ajustes y retoques y posteriores rectificaciones.

Una instantánea se puede realizar incluso con el auto en marcha, sin bajarse del coche y sólo deslizando el cristal de la ventana. Como quería de los paisajes Fernando Zobel: debían ser atrapados desde la ventana de un coche en marcha. O incluso, también, con una parada breve y corta, con el pie sobre el asfalto y apuntando en la dirección deseada. Como hiciera Wim Wenders y la colección de fotos de Alicia en las ciudades (1974). Donde la base de reconocimiento de la casa extraviada, son las múltiples fotografías del viaje.

Pero la pieza de Steiner está compuesta y trabada. Requiere el acuerdo de las integrantes; su disposición ordenada en torno al auto negro y aparcado sin mucho cuidado, por mucho que aparente ser un imponente Rolls Royce. Incluso la portezuela derecha –para el espectador, izquierda para la chica malabarista– abierta de par en par, para reducir más aún el ancho disponible en lo que queda de carretera. La portezuela abierta, para permitir que una de las chicas muy ligera de ropa –no es habitual viajar en bikini en un auto tan serio–, despliegue sus encantos sobre el equivalente del estribo o posadera.

La foto aparece denominada como ‘La gitana Rose Lee y sus chicas’. Ciertamente la única figura que aparece medianamente vestida, debe ser la tal Rose, que pudiera ser la madame de la troupe o la presentadora del circo: Circo Rose. Aparece Rose, con un vestido que espejea merced a las lentejuelas brillantes, con un escote monumental que deja ver algunas formas de su cuerpo redondo y un ajuste en uve sobre su cintura y sus caderas. Y con un no menos monumental chal mullido de piel blanca. Tan monumental que descolgando de sus hombros llega, tras abrazar sus brazos como una cascada vacilante, al suelo mismo de la carretera donde se vierte y se para. Como si fuera el equivalente vegetal del arte topiaria realizado sobre pieles de vestir y adorno. No un seto, sino un seto recortado y formado en espiral, como ese foulard peludo y onomástico.

Las restantes miembros de la troupe o del clan erótico, aparecen vestidas con dos piezas a modo de un bikini de baño. Pero no van de baño, ciertamente, porque son visibles los encajes que enlazan las piezas y las hacen aparecer más como vestimentas de un cabaré o de una sala de fiestas. Ello queda corroborado por las diademas, por los guantes largos de medio brazo o por los collares que adornan sus cuerpos. Y por lo agregados sobre los cuerpos desnudos o, revestidos apenas por mallas transparentes. Ciertamente, no es una pose previa a ningún baño.

Junto a ellas, y muy en primer plano las maletas o parte del equipaje que debería estar acoplado en el capó del coche y que se nos muestra como unos elementos más de la composición de Steiner. Se han extraído del capó o maletero del auto, para ser mostradas como un trofeo o como un artificio tal vez. Igual que se exhiben las pegatinas de hoteles y destinos de glamur como otra conquista aventurera. Aunque no haya demasiadas pistas del éxito que las pueda aureolar y perfumar. Sólo que son unas maletas muy viajadas. O sus dueñas, son muy viajeras o muy viajantas. Ya que aparecen cubiertas de esas referidas pegatinas antiguas de hoteles, balnearios, estaciones de invierno, hoteles en la roca o playas de ensueño, que antes se incorporaban a los baúles y maletas como parte de la memoria internacional viajera. Y componían una evocación de todo lo recorrido, de todas las estaciones que se habían conocido, para componer un perfil ajetreado del viajero en una síntesis apretada.

Quizás si la troupe de Rose, fueran también gitanas, pudiera ser una explicación cabal. Son parte de un pueblo viajero y nómada. Ya se sabe que este pueblo y esta raza son muy dados a cierta trashumancia y por eso su equipaje revela ese movimiento incesante y por ello se suele recargar de pegatinas. Un movimiento incesante del equipo de mujeres semidesnudas, que se exhiben sin razón aparente en una carretera secundaria y muy mal conservada. Salvo la razón de dar gusto al ojo del fotógrafo. Otras observaciones pueden estar referidas al auto, un espléndido Rolls Royce negro, que acoge a una sola de las chicas del grupo; todas las demás se desentienden de la máquina. Sólo la rubia del fondo apoya su mano izquierda en el guardabarros derecho del vehículo; mientras con delicadeza extrema, apoya su otra mano, la derecha sobre una señal que nos informa ‘Curves Ahead’: curvas sin cabeza. Curvas descabezadas también. Pero ¿las curvas corporales o las curvas carreteriles? Por eso, esas fotos aquí no se publicaron nunca.

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