Cómo no, los cuarenta años del Back In Black…

Recuerdo un álbum de Los Pitufos, los originales, los de Peyo, antes de que el cine americano los convirtiese en una franquicia pedorra. Creo que era el cuarto, La pitufina. No sólo la aparición de la pitufina trastornaba la comunidad célibe de los pitufos hacia la tentación, el pecado y la discordia, desde un enfoque muy medieval -que es la época de los pitufos de Peyo, un spin-off de Johan y Pirluit-, sino que les pervertía la música. Los días de fiesta, los pitufos se colocaban en corro y cantaban El patio de mi casa, con gran regocijo. Pero la pitufina, única hembra entre 100 machos que no sabían ni que eran machos, les amonesta: esa canción es un rollo, falta la pasión, y les entona un tema de amor lleno de florecitas y corazoncitos en una anticipación de los emoticonos. Los pitufos están todos que pierden el culo con rabito por ella, pero no hasta el punto de deshacer su fratría masculina a causa de una intrusa de melena rubia y pestañas rizadas que ni siquiera tiene pechos. Así que la escuchan estupefactos, y al término le dicen que en esa canción de amor es todo mentira, todo inventado y chorra, mientras que El patio de mi casa admite una interpretación literal e incluso universal y necesaria. Cuando llueve el patio de mi casa se moja como los demás, no cabe cantar algo más sencillo y a la vez veritativo. Aquello me impacto cuando era niño, lo reconozco. Y así sigo, anti-romántico perdido y casi tan célibe como los jodidos pitufos del rabito…  

Pues eso es AC/DC para mí. No sólo los creadores incansables de los temas más potentes y eléctricos que ha escuchado el ser humano, sino un lazo de unión con toda la fratría reacia a la sentimentalidad del planeta, machos tanto como hembras. Recuerdo también una escena de Los Simpsons, en la que Otto, el conductor jevi del autobús del colegio, va a pedir matrimonio a una chica en la ventana de una de esas hamburgueserías tan yankees para vehículos. Lo hace, pero antes de que ella responda, Otto se sumerge en un punteo alucinante y sólo después vuelve a la tierra: “¿de qué hablábamos?”… Es eso se resume toda la actitud del rocanrol. Las canciones rosa de la pitufina son mentira, amores como esos jamás han ocurrido, y cuando han ocurrido son enfermizos y terminan en suicidio, maltrato o cinco churumbeles y cervezas para el fútbol en la nevera. Puesto que son mentira, emplea tu corazón en latir al ritmo de una batería de rock duro (los AC/DC han negado siempre ser jevis…), en vez de hacerle sangrar por amores melifluos de trovador barato. Entre el diablo y el mar azul profundo hay que escoger siempre el diablo. El mar es profundo, sí, y por eso ahoga que te cagas. En cambio, el diablo sólo te pide (el signo de los cuernos no fue inventado por Angus Young, sino por Ronnie James Dio) que no hagas una vida convencional, o que, si la haces, que sepas que es mentira, como la canción de la pitufina. Lo que es verdad es cuatro acordes, bien colocados, que borran los problemas y te trasportan a un limbo de pura energía coleguista…  

Bon Scott, cantante estrella de los AC/DC en los setenta, era el tío más simpático y más exhibicionista del mundo. Era como el prota del Vamos muy bien de Obús, un pedazo de tema también, ese del “tiro de mi amigo o él tira de mi” (aquí dando ejemplo a unos chavalillos que están a un chasquido de dedos de… ). Eso lo hemos hecho todos, en plan desfase, y era estupendo, la verdad, pero Bon lo hacía a todas horas todos los días. Hasta que la palmó, con 33 años, como Alejandro Magno, ahogado en sus propios vómitos, en la tradición de Jimi Hendrix y otros. Es una pena, porque hubiera bastado un poco más de tiempo para que le viera las orejas al lobo, como se las vio el propio Malcolm Young años después. Lo increíble es que el resto del grupo se quedó acojonado, pero preguntó a los padres de Bon en su funeral y estos les incitaron a seguir adelante. Bueno, eso es increíble, pero lo es más el panteón que le erigieron a Bonnie, un disco de 1980 en el que hay al menos cinco cortes que bien merecen un descenso –I´m going down…– al Infierno cristiano tanto como un ingreso sin billete en el Valhalla vikingo. Todos lo sabéis, se titulaba Back in Black y era todo un alarde de maestría y chulería a partes iguales. Esperemos que el coronavirus no haga lo mismo, pero la idea era esta: aún sin Bon Scott, amado por los dioses, volvemos más tenebrosos que nunca… ¿Hay mayor prueba en contra de los colegios de pago que el hecho de que el rocanrol esté compuesto de hijos de familias arruinadas soltando barbaridades mientras que los cachorros de los ricos hunden las empresas de sus padres con esloganes buenrollistas? Alguien dirá que AC/DC ofrecen un rock muy básico, poco sofisticado, pero a ese quiero recordarle que cientos de miles de grupos nóveles lo hacen todos los días llamando a las puertas de las discográficas y ninguno es capaz de construir medio ni riff remotamente eficaz a la manera de los escoceses-australianos (tal vez Platero y tú lo consiguiera en Hay poco rock´n´roll, y ya…) 


Ni el mismo Jesucristo, ni siquiera Robert Downing Jr., lograron una resurrección tan espectacular. Creíais que estábamos acabados y toma Back in Black, un temazo que incluso cuando yo era pura melodía  progresiva marca Dire Straits reconocía que llevaba la enseña del genio. Back in Black es, todo él, una maravilla, una luctuosa maravilla, y eso que quedaban todavía muchas vetas auríferas de rock no sentimental por excavar por parte de AC/DC (sobre el sentido de este nombre técnico, la película histórica The current war…) en los siguientes cuarenta años. Si Bon Scott no hubiese querido apurar toda la alegría del mundo en una sola noche de pub y copas, a la manera del borracho sin límites que fue Dylan Thomas, no se hubiera perdido cuatro décadas de creatividad sin grandes modificaciones de estilo pero también sin fisuras. ¿Para qué quieres cambiar de estilo, si ya dominas como nadie el mejor? Cuando el trap, el reguetón, los DJs de pastillas y demás demuestren no dar más de sí, todavía Back in Black seguirá fieramente vivo, y lo bailarán los pitufos, Otto el piloto y un servidor. Es curioso que todos los problemas de los miembros de la banda, y seguramente de sus seguidores, vengan sobre todo del abuso del alcohol. Otras substancias más heroicas, como farlopa, caballo y demás, no están invitadas a esta fiesta, porque sus efectos ya los pone la música. El alcohol y el tabaco, parece, bastan como pasaje de entrada en el plano de realidad correspondiente, que luego ya no precisa de intensificación ulterior más allá de los acordes de una guitarra eléctrica y la voz acuchillada y mellada –Razor´s edge– del sustituto perfecto, Brian Johnson. Tras la Caída del Muro, AC/DC fue el grupo que abrió la Rusia post-soviética al sonido de Occidente en 1991. Yo no sé si eso os parecerá bien o mal, pero el caso es que el lugar se llenó de un millón, ¡un millón!, de tovarisch rockeros. Pues bien: Isi Disi aún son capaces de hacer eso. Con todas la bajas y calamidades que han tenido, y lo viejos que se supone que están, tú pon un concierto de AC/DC a 40 euros en el Campo de Urbis, Moratalaz, por ejemplo, y en tres horas has vendido todas las entradas, no cabe ni una mosca y ya tienes el foco de contagio más grande del globo terráqueo que cierta derecha española desearía. Steve Tyler, que no es santo de mi devoción, lo dijo en el Rock´n´Roll Hall of Fame acerca del sempiterno disfraz de colegial de Angus: “¿cómo pueden caber unos cojones tan grandes en un pantalón tan pequeño?…” Pues caben por eso, porque como termina apoteósicamente el Back in Black, para bien de la salud sonora y mental de la humanidad… 

Rock ‘n’ roll ain’t noise pollution / Rock ‘n’ roll ain’t gonna die…

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10 Comentarios

  • está bien el último vídeo, pero le falta…le sobra…no sé. Yo debo ser el pitufo rancio, pero prefiero este

    https://www.youtube.com/watch?v=pAgnJDJN4VA&list=PLyeERgZILJ72IMWcXHzoCMMbb2F9cw3VM&index=56

    por no sobredimensionar, que es lo peor que le puede pasar a cosas así. back in black es la hostia y punto, y por eso es la hostia. No hay nada más que una letra que bromea con la chulería habitual, su voz (hay que ver cómo se parecían ambos timbres al principio de Brian Johnson), para hacer más cierta la broma y un riff estupendo (estupendísimo, por eficaz) …como siempre. 40 años y subiendo!

  • Desde que te levanté a esa chica no le encuentras ninguna virtud tangible o intangible a la pobre, sé generoso, hombre! En sierio, no sé, ¿tú crees que Brian Johnson se hizo un curso acelerado de Bon Scott en 1980? Yo creo que sí, pero es porque no he visto ninguna grabación suya de antes…

  • sin duda! Luego fue imprimiendo un caracter propio, aunque no bailara (bon scott era muy bailongo) pero la voz y la actitud del principio son una continuación…un regreso

  • Pues recuerda a Woody Allen, que según se iba haciendo viejo reclutaba a grandes actores (Leo di Caprio, Kenneth Brannagah…) para que hicieran de él, sólo que aquí es desde el nicho, como tú dirías. ¿Cómo se tiene el morro de decirle a alguien “ensaya que tienes que hacer de mi, si quieres te dejo mis vídeos del verano…”

    Brian no será bailongo, pero baja en brazo con el puño cerrado como si cada tres minutos ganara su equipo…

  • Me he leído el artículo cuatro veces, por lo menos, fascinado de descubrir y creer comprender un mundo que siempre me ha quedado tan lejos, fascinado de hasta donde puede llegar la escritura de un artículo que sospecho que los AC/DC nunca hubieran sido capaces de escribir sobre sí mismos.

    Sobre todo porque no estoy seguro que este artículo vaya de música, ni de rock duro, aunque también va de eso. Es un artículo “existencial”, aunque no sé si es la palabra adecuada y también es un artículo sobre un cierto tipo de masculinidad que parece que ya ha tenido que abandonar cualquier abalorio sentimental y deslizarse directamente a los infiernos de una vida sin mujeres que pudieran aportar algo de comprensión, de ternura y de alegría en este mundo.

    Como si los mejores hombres acosados por todos lados (también desde su culpa) no hubieran tenido más remedio que huir de forma definitiva, a perderse en el bosque del ruido y del alcohol, donde hay paz porque ya no habita el deseo. Releo algo de Virginia Wolf estos días que ya conocía. Esa sensación de agotamiento que tuvo entre el grupo de amigos de las reuniones de los jueves cuando se dio cuenta de que todo era muy inteligente e interesante pero a ella le faltaba algo. Faltaba el deseo hacia ellas porque ningún hombre de los que estaban allí podían tenerlo. Y eso convertía aquello en nada.

    No se porqué me viene a la cabeza aquel tango de Gardel que se llama “Yira, Yira” ese que creo que comienza: “porque es que todo es mentira, porque es que nada es amor…” quizá una conexión entre dos músicas que al final buscan ser un bálsamo para el dolor de este jodido mundo. Donde todo es tan difícil aunque parezca que se tenga todo entre las manos, donde apetece tanto echar la culpa a todo lo convencional y destruirlo con una bomba de música que de paso nos lleve por delante, al menos un rato de las malas noches.

    Si el mundo fuera justo este artículo merecería un premio de esos que dan cada año por ahí. Porque quizá describe, con no pocos matices culturales, el final de algo o no sé si de lo que no ha nacido todavía. Lo que puede brotar del fondo que están tocando los hombres que todavía tienen corazón y quizá lucidez o alguna forma de valentía.

  • Una de las bandas más sobrevalorada de la historia. Un par de temas buenos, el resto manifiesta la capacidad compositiva de una silla de madera. Metal para nenas y ancianos.
    It’s Hardcore or it’s a fuckin’ bore.

  • Para sobrevalorados, los Platero.
    Y Hay poco rock and roll es, por supuesto (¡por favor!), una versión de High Voltage Rock’n’roll de… adivinen… AC/DC

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