Ratas, enanos con crema, cucarachas y Mary Wilson…

The Supremes, modestia aparte; Mary Wilson, un nivelón; la Motown, las cuevas de Alí Baba… Uno de los factores que hacen que nos inclinemos irremediablemente hacia el bloque capitalista en el clima de la Guerra Fría de los años sesenta o setenta no es que sea el lado que nos tocó, o su superior política exterior -tan horrorosa como la del otro bando-, ni siquiera la interior -comenzaron matando a Kennedy y no pararon hasta Martin Luther King-, sino la aparición y consolidación de la música pop. Algo como eso era, me temo, del todo inconcebible en la Rusia soviética y satélites, donde décadas antes Stalin había expulsado a Shostakovich del país valiéndose de una mala crítica. Luego expulsarían también a Andréi Tarkosky, esta vez de modo menos terrorífico, pero demostrando igualmente que apenas habían aprendido nada. Sin embargo, en EEUU, Inglaterra y hasta Jamaica la felicidad estalló en formas musicales portentosas que sedujeron a los habitantes de todo el planeta, garantizando para el estilo de vida capitalista liberal al menos sesenta años más de preponderancia cultural. Uno de esos hitos, sino el más grande sin duda el más fértil, fue la discográfica Motown, fundada por un tipo más listo que el hambre, Berry Gordy, en la ciudad de Detroit en 1959. Lo cuenta estupendamente mi amigo Álvaro Alonso en su formidable libro Las músicas de nuestro tiempo -El universo pop, editorial Dyckinson:

Berry Gordy aglutinó todas las tendencias de la época en una serie de producciones que definirían una de las ramas principales de la música soul. Gordy era negro, y aunque su historia está rodeada de elementos míticos, representa una versión nueva del sueño americano. Se dice que trabajaba en una fábrica de Detroit y que montó su compañía con un préstamo de seiscientos dólares. La población negra tenía sus representantes en el mundo del espectáculo, pero todavía no en puestos directivos o de decisión y menos en el mundo financiero (…) Berry Gordy aunó un talento natural para la administración de negocios con un conocimiento intuitivo muy desarrollado de los gustos nacionales de su tiempo, donde el rhythm´n´blues podía tener cabida dentro de la música popular superando definitivamente las diferencias entre público blanco y público negro.

El nombre de “Motown” viene del carácter de industria automovilística de Detroit, la “ciudad del motor”. ¿Y qué tiene que ver fabricar coches con componer música? Pues en principio nada, y ese es el milagro del arte. Tienes un montón de gente de clase trabajadora afroamericana pelándose las manos en el tajo ocho o nueve horas al día, y como están hartos, como eso no puede bastarle a nadie aún cobrando puntualmente a fin de mes (lo cual ya había vaticinado Marx, pero sin embargo habían olvidado en la URSS), entonces habrá que salir el fin de semana a bailar, emborracharse y ligar. Hoy es noticia la muerte de Mary Wilson, una de esas chicas que hacían bailar a todo el mundo en el seno del trío The Supremes, del cual si os acordáis es que sois mayores como yo, pero si además lo apreciais es que gozáis de un gusto musical sub specie aeternitatis. Hoy, cuando la música no sólo se hace con máquinas, sino por máquinas y a menudo para máquinas -estoy pensando en sintonías de videojuegos-, nos resulta inconcebible que con los medios de entonces estas tres chicas negras cantaran melodías tan espléndidas, con ritmos tan contagiosos, convirtiendo el amor de pareja en lo que casi nunca es1: alegre, dinámico, saltarín, celeste… El llamado “sonido Motown” fue definido por Gordy como “ratas, enanos con crema, cucarachas y amor”, en una pirueta de lirismo urbano que está muy bien (yo creo que se refería a las condiciones sanitarias iniciales de los estudios que alquiló), pero en realidad sería suficiente con decir que Motown fue sinónimo de altísima calidad musical en la que no cabía la tristeza o el aburrimiento. The Supremes fueron, con The Marvelletes (tengo a la dulce Please Mr. Postman por una de las más altas cotas del espíritu humano) pioneras de un elán que dejó genios absolutos como Stevie Wonder, Marvin Gaye, The Temptations (puedo decir lo mismo de Papa was a Rolling Stone, que es una mini-sinfonía) o The Jacksons Five -no digamos ya Ray Charles, pero Ray que yo sepa se le escapó Berry Gordy, cuyas hábiles garras tampoco podían ser infalibles. De nuevo Álvaro Alonso lo cuenta mejor en su libro citado:

Pero si hay un grupo vocal femenino que se identifique internacionalmente con la Motown ese es el liderado por Diana Ross, las Supremes. La voz de Diana es sencilla, sugerente, y sus agudos suspiros invitan a largas jornadas de suave placer. El trío Holland-Dozier-Holland se encargó de producir y firmar temas memorables como You can´t hurry love, Shake me, wake me (when it´s over), o Baby i need your loving, junto a temas del propio Berry Gordy como Money (that´s what i want) -que los Beatles recuperaron más tarde-, o de la pareja Farell-Rusell, en Hang on Sloopy.

Curiosamente, o no tanto, The Supremes debieron triunfar primero en Reino Unido antes que en su propia tierra, ignoro si por motivos machistas, racistas o todo al mismo tiempo. Pero no es cuestión de pensar mal, puesto que finalmente lo consiguieron y no tardando demasiado- como es sabido, el trío perdió equilibro como tal en beneficio de la visibilidad y el peso de Diana Ross, tanto por su estupenda voz como por ser la amante del propio Berry Gordy, un tipo muy avispado, ya digo, pese a su cómico nombre. Diana tiene a día de hoy 76 años, y el golfo de Gordy 91, de modo que no había por qué esperar todavía la muerte inminente de nadie de su entorno histórico. De hecho, aún no se han aclarado las circunstancias del fallecimiento de Mary Wilson -supongo que en Las Vegas te puede ocurrir cualquier cosa y a cualquier edad-, madre del soul-pop, reinona de las pistas, poderío femenino y vendaval afroamericano a la que en mi título he colocado en el puesto sintáctico y también semántico del amor. Puede que sea cierto que el superestrellato de Diana Ross la eclipsara parcialmente a partir del año 77, el año del punk y también el de la disolución The Supremes, pero hay que saber que, mientras el trío pegaba fuerte, llegó a rivalizar en las listas de éxitos con The Beatles, y que Mary Wilson continuó con su fulgurante carrera en solitario hasta 2007. Una vez suprema, suprema siempre, modestia aparte…

A Malcom X también le asesinaron fuerzas misteriosas en aquellos años convulsos, concretamente acribillado en 1965 mientras peroraba subido a un escenario, primero por negro, después por musulmán y por último por rojo. Pero antes había dicho, en uno de sus muchos mítines, las siguientes palabras: Sentarse a la mesa no te convierte en un comensal, a menos que te comas algo de lo que hay en ese plato. Estar aquí en Estados Unidos no te convierte en estadounidense. Nacer aquí en Estados Unidos no te convierte en estadounidense. No cabe duda alguna de que la Tamla Motown, The Supremes y Mary Wilson, esas fábricas de ritmo, sensibilidad y buen rollo contribuyeron en una medida hoy imposible de medir a conseguir ese objetivo tan peleado de que del banquete del capitalismo norteamericano pudieran alimentarse también los comensales de piel morena autóctonos de allí. Y todo ello sin derramar sangre y repartiendo talento, alma (esa que ha tratado de repescar Pixar últimamente), alegría y gran estilo suburbano por el mundo entero…

1Los pesimistas son aristocráticos, como Byron; los blasfemos son aristócratas como Swinburne. A aquellos que se consumen de hambre y frío, y que sufren, dejadles hablar un instante, y veréis que no sólo son optimistas, sino que profesan un optimismo violento: son demasiado pobres para adquirir otro más acicalado. G.K. Chesterton.

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3 Comentarios

  • En 2010 (cinco años después de escribirlo) se publicó mi primer libro, una “breve” historia del pop en muchas de sus variantes. No tiene mucho mérito que un amigo te llame porque te cita en su artículo de hoy sobre Mary Wilson, las Supremes y la Motown. No tiene mérito, pero hace ilusión. Diez años después, recordaba que algo me había leído al respecto. Ojo, que yo no descubro la pólvora. Mi amigo Óscar, que es filósofo y, por ello, escribe por amor al arte, sí le da suculentas vueltas de tuerca al asunto. No se lo pierdan.

  • Tú lo has dicho, diciéndolo en sentido opuesto: ¿cómo no va a tener mérito, por tu parte, acordarme yo diez años después? ¿Y qué más posteridad se puede aguardar, acaso? Este hombre es un erudito de la memoria sonora, y después de aquello sacó dos monografías musicales más, y ahora va por la tercera, no se lo pierdan, porlagloriademimadre….

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