Paris bien vale un Messi

Dice la Wikipedia de la afirmación que da título al texto: “París bien vale una misa (Paris vaut bien une messe)” que es un tópico cultural originado en una frase, probablemente apócrifa, atribuida a Enrique de Borbón o de Navarra, el pretendiente hugonote (protestante) al reino de Francia, que eligió convertirse al catolicismo para poder reinar (su ordinal como rey es Enrique IV). Desde entonces viene utilizándose con el sentido de la conveniencia de establecer prioridades: es útil renunciar a algo, aunque sea aparentemente muy valioso, para obtener lo que realmente se desea. Como las lágrimas ayer del Messi en Barcelona, frente al señuelo de dicha hoy en París. Y esa es la renuncia del jugador al club de toda su vida por la solidez de un contrato con olor a petróleo.

Junto a ello, lagrimas propias y lágrimas prestadas –que en el mundo del futbol son nada– se une el balance final de las Olimpiadas de Tokio –que pese a celebrarse en 2021, han seguido denominándose, Olimpiadas Tokio 2020– con la aparición de otra Messi dependencia lagrimosa. Ahora en París y en sede de su nuevo equipo el PSG.

Ingreso triunfal de enrique IV en Paris” de Rubens

La rentabilidad económica de las Olimpiadas Tokio 2020 ha volado por los aires, como muestra de la incidencia de unas Olimpiadas en pandemia y como señal de la creciente indexación del deporte con el dinero. Visible, igualmente, en el affaire Messi que recorre los rincones primeros de agosto. Las lágrimas del rosarino el día de sus despedida, no podían esconder el inefable argumento económico de su despedida. Argumento económico que, finalmente, versaba en una oposición radical: o yo –el club de futbol Barcelona– o tú – Lionel Andrés Messi Cuccittini (Rosario,1987) y sus honorarios millonarios –. Finalmente, el poderío del Petro futbol que se mueve por Manchester, Londres y Paris, ha conseguido enjugar las atribuladas lágrimas messianas del día precedente, por un estallido de felicidad: ‘Ici c`est Paris’.

Lágrimas en un pañuelo de 36,5 millones de euros netos por temporada. Que son poca cosa con los rendimientos obtenidos en su estancia anterior barcelonesa de 71 millones netos por año y con el proyecto acordado de renovación de cinco años en el Barça, que finalmente cayó vencido por el rayo francés y por las deudas imparables del club blay-i-grana. Pese a la crisis del club, pese a la crisis de la economía catalana y pese al retroceso de Barcelona, Messi sabía salirse con la suya. Por eso extraña la porfía melancólica de algunos plañideros como Manuel Jabois, quien llora sobre el papel de El País, del 11 de agosto, con su texto Messi contra el Barça. Otro ajuste de cuentas, porque al final todo se resuelve en la historia con y como un ajuste de cuentas. Como ahora. Para dejar Jabois, caer la pieza de la melancolía, pero no del análisis económico. “Messi, desde hace un par de años, es un jugador nostálgico, uno de esos hombres que, en la treintena, se dan cuenta de que jamás volverán a ser mejores en algo de lo que ya fueron. Una de esas personas que, aún jóvenes, saben que de repente todo lo mejor es pasado”. Otros –como el lector Fernando Marcén en Cartas a la directora– convierten las lágrimas de la despedida messiana en despecho del aficionado y recogen en el movimiento del futbolista un registro poético. Y, por ello, son capaces de decir que “Nunca serán perdonados por aquellos que veían a Messi como un poeta del balón, a un pintor de paisajes futbolísticos que componía sinfonías en el terreno de juego. Un final inentendible para un gran jugador”. Por más que Messi, ni pintara, ni compusiera ni escribiera. Solo peloteaba. Como un dios. Pero sólo peloteaba, como había hecho en los potreros de Rosario desde que era un pibe menudo, muy menudo. Pero esa es otra historia, que al final termina en el sumidero de los dólares. Como Tokio y sus cuentas.

Porque el coste final de las Olimpiadas Tokio 2020, se ha disparado hasta los 1,64 billones de yenes (unos 12.712 millones de euros), como cuenta Inma Bonet el mismo día del asalto de Messi a la corte parisina. Como si fuera la contra moneda una noticia de otra, en un texto revelador de la centralidad simbólica del deporte en nuestra sociedades. Tokio 2020: unos Juegos Olímpicos condenados a la ruina. Más aún, subtitula: “El coste del evento se dispara hasta los 13.000 millones de euros, convirtiéndose en la cita olímpica más cara de la historia”.

Y es que la prórroga de los Juegos Olímpicos ha servido para poco. “El estallido de la crisis sanitaria mundial y el aplazamiento de la cita representaron pérdidas astronómicas, cercanas a los 2.300 millones de euros, un tiro de gracia para las cuentas del certamen. Estas cifras exorbitantes, no obstante, pueden alejarse del coste total: una auditoría gubernamental realizada antes del brote pandémico ya había fijado el precio real en 23.000 millones de euros. La mayor parte de este aluvión de millones vendrá del dinero de los contribuyentes. El COI se ha comprometido a aportar poco más de 1.100 millones de euros”. Por otra parte, comienza a haber un desfase estructural en toda la organización de grandes eventos deportivos, que resuelve su eficacia en los derechos de retransmisión televisiva, que al mismo tiempo es la razón económica de su propia continuidad. Y así en Tokio 2021, “La dicotomía entre las previsiones de gasto y el dinero desembolsado finalmente no es exclusiva de Tokio. Según un estudio de la Universidad de Oxford, todos los Juegos desde Roma 1960 han tenido un sobrecoste promedio del 172%. Los recién concluidos superan el presupuesto inicial entre un 111% y un 244%”.

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1 Comment

  • Pues yo creo que más vale que este hombre llore ayer y sonría hoy. Que lo pase bien en la cresta de la ola, porque el gran reto viene después. No me cabe duda de que las gestas que ha llevado a cabo y aún tiene por delante constituirán no pequeño desafío, uno que no está a la altura de la mayoría de los mortales. Pero lo que viene después sí que será digno de la fortaleza de ánimo propia de los verdaderos héroes -Rousseau ganó no sé qué concurso defendiendo que la cualidad del héroe es la fortaleza de ánimo. Porque después habrá que retirarse necesariamente y tratar de la vivir con la gloria a cuestas pero sin vivir a sus expensas. Los futbolistas en esto tienen muy mala suerte, y si no véase la existencia desquiciada de Diego. Hay otras profesiones en la que la gloria viene menos subida, pero a cambio dura más tiempo. Se puede ser Bono, de U2, por ejemplo, y seguir en activo hasta el último minuto y creando belleza hasta el penúltimo día. El fútbol de por sí es más cruel, no porque nadie lo quiera así. Te retiras y si eres Emilio Butragueño te puedes ir retirando de escena poquito a poco, cambiando los pantalones cortes por el traje a medida, sin que nadie se dé cuenta. Con Messi eso no va a ocurrir. Está tan arriba que no se va a poder escaquear, primeramente de sí mismo. Tú imagina ser Messi, haber sido Messi, y echar barriga, quedarte calvo, que tus asesores financieros te engañen, qeu raleen los fotógrafos a la puerta de casa, que tus hijos adolescentes se metan speed, que te llegue la hora del divorcio multimillonario y que aún así tengas tanto dinero que no seas capaz ni de mover un dedo por ti mismo -algo que en su caso ya ocurrió con sus líos con hacienda…

    No obstante, sin duda merece la pena. Sólo quería poner aquí la nota discordante, el memento mori, la moralina chunga, porque no sé si Messi o Cristiano o tantos otros son conscientes de la trampa en la que están metidos (y en la que nos meteríamos todos corriendo si pudiéramos, todo hay que decirlo…)

    Estupendo texto. Y un largo porvenir para Monsieur Messi.

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