Sobre la imposible confusión entre las filosofías de Sartre y Heidegger

Por tanto, el análisis del Dasein está antes de toda profecía y de toda proclamación relacionada con la concepción del mundo; y tampoco es sabiduría.

Martín Heidegger, G.A, vol. 26 pág. 172.

Cuenta Safranski en su pasable Un maestro de Alemania que, en una nota del 5 de octubre de 1945 en apéndice a su libro sobre Kant y la metafísica, Martín Heidegger escribió: “Decisiva la repercusión en Sartre; desde allí se entiende por primera vez Ser y tiempo”. Naturalmente, se sentía muy halagado por el tributo rendido por el autor novel de El ser y la nada, pero pronto empezó a ver las cosas de otra manera. Las aproximaciones habituales que se practican al pensamiento de Jean Paul Sartre desde Heidegger por la cuestión de la negación de la esencia humana creo que están francamente fuera de lugar. A mi juicio, Sartre copió todo lo que pudo de Ser y tiempo (nada menos que catorce años anterior), pero para convertirlo en una antropología filosófica1 a su macabro y cosmético gusto. No me parece cierto que el heideggeriano “el Dasein expresa el ser” tenga nada que ver con el retorno al romanticismo del yo escindido de Sartre. Por eso Heidegger escribió Carta sobre el humanismo, justo un año después, para distanciarse de esa degeneración teatrera de la Rive Gauche, todos jugando a ser superespeciales y escribiendo novelas en vez de filosofía. En Sartre no hay ninguna reflexión sobre el ser ni puede haberla, Sartre se limita a mezclar una lectura barata de Heidegger con otra lectura barata de Kojève, y lo que le sale es un gesto patético de pura pose aristocrática, de aristocracia del espíritu se entiende. En cuanto leyó su ponencia El existencialismo es un humanismo de ese mismo 1945 y el marxista que vino después le dio la del pulpo (argumentando, con razón, que “su condición humana depende de precondiciones materiales”…), Sartre se murió de vergüenza y decidió pasarse al marxismo a su modo, porque inteligente era un rato. Pero no, “la existencia precede a la esencia” no es, creo, ni por lo más remoto, el “ahí del ser” de Heidegger, más quisiera. Lo segundo no significa únicamente que el hombre no es un ente cerrado en sus determinaciones, significa sobre todo que es el ser abierto a la contingencia del mundo. El Dasein no sólo vive en la temporalidad de la Sorge, que le vuelve hacia sí mismo como repertorio de posibilidades de existencia, también está-en-el-mundo en el sentido de estar abierto a las posibilidades latentes de entorno que le rodea. Para un perro, el árbol es el lugar de orinar para dejar su rastro, para el hombre el árbol es una cabaña en potencia, o un ecosistema en potencia, o la ocasión de la metáfora de Gerardo Diego, y un larguísimo etc. Es así como el Dasein está-ahí: su ahí es la manifestación del despliegue de lo plural interno a los entes…. Sartre no tiene que ver con nada de esto porque para él el ente es en sí cerrado, la identidad opaca, en sí, ciega incluso para sí misma, el horror de la parálisis negra que sigue a la muerte. Ya digo: nada que ver. Para Sartre la libertad es el motor fatalista del hombre (Sartre es el San Agustín ateo del s. XX…), para Heidegger en cambio Lo Abierto es Lo Libre, y no el Dasein como tal, el cual es inseparable, está ligado, co-pertenece a ello (algo que, por cierto, sobre todo lo de la apertura y la muerte propia, creo que toma de Rainer María Rilke, al que sabemos que leyó).

De ahí que, me parece, Heidegger termine por alejarse de Ser y tiempo dándose cuenta cada vez más de que Lo Abierto se hospeda en el lenguaje: el célebre “el lenguaje es la casa del ser”. En el lenguaje el árbol puede ser varias cosas, según sea designado para un uso u otro conforme a esa varita de, o ese “ábrete sésamo” de, la contingencia abierta a lo plural que sólo se allega al Dasein en virtud del ser (por cierto que en Sendas perdidas creo recordar que habla del “ahí” de los animales en su Umwelt no como instintivo, sino como “estupor”, que es extraño y fascinante pero intuyo que no lo entiende bien ni él…) El lenguaje es la llave que abre todas las puertas, ¡todas!: es inconcebible una especie extraterrestre inteligente cuyo lenguaje supere de alguna manera al nuestro, como en La llegada de Denis Villenueve. El lenguaje que ha acontecido y constituido al Dasein es todo el lenguaje posible, no hay más -cualquier entidad alienígena también estaría-ahí si su entorno ontológico es lingüístico-, y es capaz tanto de estructurar un mundo social (juegos del lenguje, Sprachspiele) como de internarse, toquetear mediante el lenguaje en lo subatómico (quark, anti-quark, etc.) –todo esto es mío, conste, a partir de mi interpretación de Heidegger. No obstante, a mí el miniescrito de Heidegger sobre la poesía y Hölderlin no me gusta demasiado. Me parece que ahí patina, y de hecho luego nunca vuelve sobre ello, como no vuelve sobre “la caída en lo mundano”, que es el tipo de antropologismo novelero que le encantaba a Sartre. Quiero pensar, mejor, que lo de que el Dasein “habita poéticamente sobre el mundo” no se refiere a algo tan criptofascista como que la “figura rectora” del poeta funda la tierra y la sangre y el vino y tal y cual. Está la canción esa de Fito y los Fitipaldis, Alucinante, cuando dice que están locos los que quieren gobernar el mundo sin las manos del artista ni la palabra del poeta. Pues es al revés: Dios nos libre de los artistas y poetas como lo fue el propio Hitler tratando de gobernar el mundo. La estética, o la Belleza, es la arché más tiránica, por ser la más arbitraria. No atiende a valores morales o a criterios racionales, sólo a grandezas o pequeñeces o riquezas o pobrezas estéticas, como en Nietzsche. De modo que preferiría pensar que Heidegger se refería a “poéticamente” en el sentido de poiesis: el Dasein “elabora” su experiencia del mundo, no la “conoce” en primera instancia, y sobre ese presunto conocimiento actúa. Pero me temo que no, y que fue un sentimental nacionalista in pectore hasta el final. Lo de la poesía parece muy exquisito y delicado, pero es, tal como yo lo veo, más peligroso que el coronavirus. Hay que imaginarse, pongamos por caso, a Andy Warhol de alcalde de Nueva York, y digo Andy Warhol por ser como era un tipo tímido y raruno; ahora imaginemos al iracundo de Beethoven como mandamás de Viena o al propio Nietzsche de presidente de una comunidad de vecinos… Ya sé que eso no es lo que quiso apuntar Heidegger, que se refería a que el poeta funda sentidos nuevos, no políticas nuevas, pero basta repasar El origen de la obra de arte para ver que hay una clara referencia a fundar Estados nuevos…

El existenciario del Befindlichkeit, del “sentirse”, me parece que es la manera en la que en Ser y tiempo se pasa de lo formal a lo concreto. Las estructuras formales son las mismas pese a la historicidad del Dasein, pero sólo hay Dasein fácticamente, existente particular, pues -ya que no es posible existir en general-, cuando se encuentra en cierto estado de ánimo. El ser humano como especie no tiene Befindlichkeit, no se encuentra en estado de ánimo alguno, no sé si me explico, ni el Ich denke kantiano o la Vernunft de Hegel. Por tanto decir Dasein es decir un universal concreto, como decir “hijo de”. Ser “hijo de” es un predicado relacional, pero sin padre concreto y con billetera no hay relación abstracta ninguna, no se puede ser “hijo de padre en general”. De manera que Dasein no es la esencia común de la multiplicidad humana, sino que, puesto que cada vez se siente de un modo otro ante o en el mundo, es ya siempre este o el otro, tú o yo, o tú y yo, Mit-sein. Arnold Gelhen, como Ortega y Gasset (que por cierto le copia respecto de la idea de la técnica), no sabía nada de estas cosas, y por eso hizo una antropología más al gusto de los dirigentes nazis desde el rectorado de Friburgo que abandonó Heidegger. Gelhen sí que era un nazi y no únicamente in pectore o atormentado. De hecho, como digo, Gelhen fue el que le sustituyó en el rectorado de Friburgo cuando Heidegger se mostró desafecto, y a mí me recuerda siempre a Konrad Lorenz, eso de Sobre la agresión, ese pretendido mal… La ideología del Lebensraum está en ambos y en Rosenberg y otros. A todo esto, Jean Paul Sartre corrió un tupido velo sobre su existencialismo original para hacerse amigo del Che Guevara y demás, pero mucho más tarde volvió a él para tratar de forjar un método crítico de exploración del hombre particular, el llamado “psicoanálisis existencial”. Heidegger, en la Carta sobre el humanismo había dejado dicho que “…las supremas determinaciones humanistas de la esencia del hombre todavía no llegan a experimentar la auténtica dignidad del hombre En este sentido, el pensamiento de Ser y tiempo está contra el humanismo. Pero esta oposición no significa que semejante pensar choque contra lo humano y favorezca a lo inhumano, que defienda la inhumanidad y rebaje la dignidad del hombre. Sencillamente, piensa contra el humanismo porque éste no pone la humanitas del hombre a suficiente altura. Es claro que la altura esencial del hombre no consiste en que él sea la substancia de lo ente en cuanto su “sujeto” para luego, y puesto que él es el que tiene en sus manos el poder del ser, dejar que desaparezca el ser ente de lo ente en esa tan excesivamente celebrada “objetividad » (editorial Alianza, 2013, páginas 15-16)2

Pues lo dicho.

1 En La época de la imagen del mundo Heidegger escribe que “La antropología es aquella interpretación del hombre que en el fondo, ya sabe qué es el hombre y por eso no puede preguntar nunca quién es. En efecto, si hiciera esa pregunta, tendría que declararse quebrantada y superada a sí misma. Y ¿cómo esperar semejante cosa de la antropología, cuando lo único que tiene que hacer propiamente es asegurar a posteriori la autoseguridad del subjectum?”

2 No obstante, el Heidegger menos presentable para mi gusto no es sólo el descifrador de los oráculos de Hölderlin, sino ese que nos retrotrae una y otra vez a una condición de posibilidad anterior. Encuentro algo exagerado por su parte aquello de que antes tiene que darse previamente la apertura de… etc. Hay ahí, a mi juicio, mucho misticismo, aunque él lo niegue expresamente. De acuerdo con que no puede haber concepto del ser, sino tan solo de lo ente. En ese aspecto, el aspecto conceptual, inteligible, el ser es la nada, una afirmación que no tiene por qué escandalizar a nadie, puesto que es una nada fértil, no como la de Sartre. El Dasein está abierto a lo plural de la naturaleza porque cuanto “aprieta” históricamente el significado de un ente le sale otro significado diverso de ese mismo ente, pero no el ser como tal, que es, digamos, como su manantial inaprehensible. Pero hay cierto artículo -creo que la respuesta a Sobre la línea– en la que Heidegger dice que Ser y tiempo debiera haberse denominado Sein und Lichtung, y eso ya me parece demasiado. La Lichtung como lo previo de lo previo de lo previo a la verdad metafísica como adequatio me parece ya el colmo del escarbar fenomenológico, y no conozco de nadie que haya seguido después ese camino. Con esa falta de rigor e irreverencia lo digo.

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