Dolor y moral

Mayo del 68

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia.

-Plegaria de la Serenidad, atribuída a Reinhold Niebuhr

Dolor y Moral van estrechamente unidos, hablar de moral es hablar de dolor y hablar de dolor es hablar de moral. Si el mundo de la moralidad tuviera una divisa, una moneda, ésta sería el dolor. Todo en moralidad se traduce o se contabiliza en dolor. Si queremos definir la moral en una frase, esa frase sería: lo que causa dolor y sufrimiento es inmoral. El criterio, la medida, la forma de objetivar si algo es bueno o malo es mirar si causa un daño. ¿Por qué está mal matar, violar, robar, etc.? Porque con esas acciones causamos un dolor y un sufrimiento a la persona que las sufre, responderíamos. Esta forma de pensar procede en última instancia de la selección natural, somos criaturas diseñadas para evitar el dolor y buscar el placer así que tampoco es que los filósofos ni nadie se hayan roto mucho la cabeza para llegar a esta conclusion. Por otro lado, la vida en grupo de una criatura social como el ser humano sería inviable si nos causáramos dolor y sufrimiento sin orden ni concierto.

En el campo de la moralidad tenemos dos fenómenos contrarios que son el proceso de Moralización y el proceso de A-moralización o Des-moralización y ambos tienen en mucha medida que ver con el dolor. Moralizar una cosa es hacer que entre en el campo de la moral, es decir, que pase de ser algo neutro moralmente a algo moral o inmoral, a una cuestión de bien y mal. Y a-moralizar, o des-moralizar, es sacar una cosa del campo de la moral, algo que estaba en el campo de lo bueno y de lo malo pasa a ser neutro moralmente. Pongo ejemplos. Actualmente estamos moralizando comer carne, es decir, cada vez más filósofos y personas en general consideran que comer carne esta mal moralmente y muchas de estas personas están dejando de comer carne. ¿Cuál es la razón? Hay varias pero una esencial es el sufrimiento de los animales en las granjas y el daño que la ganadería genera al ambiente, su influencia en el cambio climático. Por contra, hemos desmoralizado la homosexualidad y en este proceso un argumento ha sido que las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismos sexo adultas no causan ningún daño ni a esas personas ni a otras, por lo que no hay ninguna razón para considerarlas una inmoralidad.

La teoría diádica de la moral postula que la mente humana tiene una plantilla, un modelo cognitivo de lo que es una transgresión moral y los elementos claves de este modelo son la intención y el dolor. La esencia de un juicio moral es la percepción de dos mentes complementarias, una díada, compuesta por un agente moral intencional y un paciente moral que sufre (la acción del agente). La díada o pareja moral es asimétrica y está compuesta por un agente intencional (perpetrador) y un paciente que sufre (víctima) y la esencia de la inmoralidad no es simplemente el daño sino daño causado intencionalmente. Se habla en general de que la díada está compuesta por individuos pero estas mentes percibidas pueden ser también grupos, corporaciones, robots o seres sobrenaturales. Así que la esencia de la moralidad sería un agente que causa un daño intencionado a un paciente o víctima.

Pero ahora viene la gran paradoja de la moralidad y su gran peligro: causar daño puede ser moralmente bueno, causar un dolor y un sufrimiento es bueno muchas veces. Hay varias posibilidades o varias situaciones en las que ocurre esto. Tendríamos ejemplos a muchos niveles como los ritos de paso en sociedades primitivas donde los hombres y/o las mujeres tienen que pasar ciertas pruebas dolorosas para luego ser considerados miembros de pleno derecho de la comunidad. Este dolor y sufrimiento se acepta -e incuso se valora- porque tiene sentido y está en función de un bien superior: lo que consigue la persona luego y en general el papel de estos ritos en la vida y funcionamiento armonioso y unión del grupo. Pero no voy a hablar de esto ahora sino que me voy a centrar en otros ejemplos.

Una primera situación es la defensa propia. Si alguien nos ataca y nos quiere robar, violar o matar se acepta que hacer daño a esa persona para que desista de su actitud es correcto moralmente. No hay mucha discusión ni debate en este punto. Pero este principio de la legítima defensa se aplica o utiliza también a nivel colectivo y aquí ya empezamos a tener problemas. Cuando se ataca a un pueblo, grupo, tribu, nación, o el grupo humano que sea, pues también se acepta que ese colectivo cause daño a los que le están atacando, pero aquí las arenas son más movedizas. Si pensamos en el caso de una guerra, un país que ataca directamente a otro con su ejército, los límites parecen bastante claros y no hay muchas dudas: el país atacado tiene derecho a la legítima defensa. Pero pensemos en una situación en la que un gobierno oprime a una minoría dentro de su territorio sin muertes violentas. Retira derechos a las personas de ese colectivo, no les permite expresarse en su propia lengua, pero sin muertes directas, por poner un ejemplo. Imaginemos que surge un grupo terrorista que realiza acciones violentas armadas, incluidas muertes. ¿Es moral o inmoral la actuación de este grupo terrorista? Aquí ya empezamos a tener problemas…para un bando, estas personas serían terroristas y sus acciones serían inmorales pero para las personas pertenecientes a esta minoría esas personas serían luchadores por la libertad. Tendríamos el problema de la moral del endogrupo frente a la moral del exogrupo, es decir, la existencia de dos comunidades morales separadas que no comparten el mismo mundo moral y los mismos juicios morales.

Continúo un poco más con este supuesto de la guerra. Imaginemos que nuestros espías nos dicen que hay un riesgo de que Francia ataque o invada España. Algún líder ha hecho declaraciones en ese sentido en privado o en cierta reuniones. Ha habido movimientos de tropas, que pueden ser explicados por maniobras militares pero esas maniobras están muy cerca de nuestras fronteras…¿Qué hacemos? ¿Esperamos acontecimientos o realizamos un ataque preventivo para tener ventaja y más éxito en la guerra que se avecina? Pero…¿cómo podemos saber que realmente se avecina una guerra?…problemas y más problemas…

Veamos otra situación donde hacer daño es bueno moralmente: el castigo. Moral y castigo van de la mano. No podemos poner unas normas morales de no matar, no robar, etc. pero luego no hacer absolutamente nada cuando se violan. Y castigar es hacer daño. Una condena a cadena perpetua, por ejemplo, es encerrar a una persona de por vida, aniquilando su libertad y muchas de los cosas que hacen que la vida merezca la pena. También una condena a muerte cuando las había o en los países donde todavía existe: privamos a la persona de todo lo que es y de todo lo que podría llegar a ser, en famosa frase cinematográfica, y causamos también un daño a su familia, hijos, padres, etc. Pero consideramos que este daño está justificado y nuestro moral nos dice en este caso que debemos hacer daño, que hacer daño está bien…esto es algo de una enorme trascendencia.

Voy a poner solo un ejemplo de la pendiente resbaladiza que esta característica de la moral tiene para que nos deslicemos y caigamos en el mal: ¿cómo sabemos que la persona o grupo que vamos a castigar es realmente malvada y se merece el castigo? Parece una tontería lo que digo pero pienso que no lo es: ¿cómo sabemos que no estamos equivocados? A nivel individual son innumerables los ejemplos de personas inocentes que han sido castigadas y que han muerto o han pasado casi toda su vida en la cárcel por delitos que no cometieron. Pero donde la cosa se pone muy fea es en el caso de los grupos humanos. ¿Cómo sé yo -supongamos que soy un aleman en la época nazi- si los judíos son un peligro para Alemania y están destruyendo Alemania y tenemos que acabar con ellos, como decían los líderes nazis? Contra lo que muchos podáis pensar, saber cuál es la verdad o cuál es la realidad de algo es un problema tremendamente complejo en nuestras sociedades modernas, no tanto así en las sociedades primitivas cuando nuestra moral se fue desarrollando. En una pequeña tribu todos somos testigos de lo que ocurre y podemos ver si uno de los miembros es un matón abusador que pega, que no comparte la caza, etc. La realidad es evidente para todos. Pero en nuestra sociedades modernas esto ya no es así. Os voy a poner un texto un poco largo de un artículo del filósofo Dan Williams en su Substack (que recomiendo a todos, habla mucho de la desinformación y otros temas) porque creo que merece absolutamente la pena:

“En las sociedades complejas y modernas, la relación entre la realidad y nuestras representaciones de la realidad -entre lo que Lippmann llamó el «entorno real» y los «pseudoentornos» que conforman nuestros modelos mentales del entorno real- está fuertemente mediada por complejas cadenas de confianza, testimonio e interpretación.

Pensemos en la economía, las tendencias delictivas en toda la sociedad, las vacunas, la historia, el cambio climático o cualquier otro posible foco de «opinión pública». La verdad sobre estos temas no sólo suele ser compleja, ambigua y contraintuitiva, sino que casi todo lo que tú crees sobre ellos se basa en información que has adquirido de otros: afirmaciones, cotilleos, informes, libros, comentarios, artículos de opinión, enseñanzas, imágenes, videoclips, etc., que otras personas te han transmitido.

Además, para organizar toda esa información adquirida socialmente, te basaste en categorías simplificadoras, esquemas y modelos explicativos que reducen la complejidad de la realidad a un modelo mental manejable y de baja resolución.

En este proceso tan mediado, hay innumerables fuentes de error y distorsión. Esto es cierto incluso si se es idealmente racional. Pero, por supuesto, no lo eres; eres humano. No sólo la construcción de tu pseudoentorno está retorcida y distorsionada por intuiciones precientíficas e innumerables sesgos cognitivos, sino que no eres un buscador desinteresado de la verdad. Por el contrario, tus creencias están sesgadas por motivos e intereses como el engrandecimiento personal, la búsqueda de estatus, el tribalismo y la conformidad social.

Y lo que es igual de importante, las personas de las que has obtenido tu información sobre el mundo son igualmente defectuosas, falibles y tendenciosas. En algunos casos, eran auténticos mentirosos y propagandistas, pero la mayoría estaban simplemente influidos por las mismas fuentes mundanas de razonamiento motivado que tú.

Por estas razones, la verdad no es la norma cuando la gente se forma creencias sobre el mundo más allá de su entorno material y social inmediato.”

Lo que quiero decir con esto es que no sólo nuestros enemigos sino también nuestros gobiernos, nuestros líderes, nos pueden mentir y decirnos que los judíos (o los tutsi, o los armenios o quienes sean) son un peligro y llevarnos a un genocidio o un asesinato en masa. Aunque parezca estúpido lo que estoy diciendo, no es tan sencillo saber cuál es la verdad y, aunque parezca paradójico, en nuestras modernas sociedades con Internet, con las autopistas de la información y la IA todavía es más difícil saber cuál es la realidad. Bueno, es literalmente imposible. Y no exagero un pelo. Y evidentemente, como decía, todo esto tiene unas consecuencias en el plano moral decisivas y terribles muchas veces.

Por último, quiero volver otra vez sobre la empatía, de la que he hablado en una entrada anterior, porque me parece relevante para el tema que estamos tratando ahora del dolor y la moral. Para detectar nosotros el dolor físico tenemos una serie de receptores y terminaciones nerviosas y para detectar el dolor de los demás nos basamos en unos signos físicos bastante claros que acompañan la emoción del dolor. Para detectar el dolor psicológico tenemos la empatía, esa facultad humana que nos permite ponernos en el lugar de otro y darnos cuenta de que robar, violar o mentir a esa persona genera un daño. La empatía nos ayuda a ser moralmente buenos. ¿Y qué pasa en todos estos ejemplos de castigo que estoy poniendo, el de la legítima defensa, la guerra contra enemigos y el castigo a los delincuentes? Pues que la empatía se apaga, se desconecta, sencillamente desaparece. Y tiene toda la lógica adaptativa del mundo. Yo no puedo ir como guerrero a una batalla y a la hora de atravesar con mi espada a un enemigo sentir empatía y bloquearme y pensar “pobrecito… le voy a hacer daño” y ponerme a abrazarle y a llorar. De igual manera, a la hora de condenar a un psicópata asesino no puedo pensar: “¡qué majo es, tuvo una infancia muy dura el pobre, su padre le pegaba…” y soltarlo. Lo que sentimos a la hora de castigar son emociones muy fuertes e intensas y somos terriblemente crueles. Una vez que decidimos que esa persona es un “hijo de la gran p” que se lo merece, nuestra capacidad de hacer daño y de sadismo, como dice Kurzban en esa entrada que os he puesto al principio del párrafo, no tiene fin.

Resumiendo, tenemos un problema Houston: causar un dolor intencionado es la esencia del mal pero es también una parte importante del bien, de ser moralmente buenos. Tengan mucho cuidado ahí fuera.

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