Emanuele Severino en disputa con la Nada

Fotografía: La Repubblica"

Leí a Emanuele Severino en la facultad, en concreto el primer volumen de su Historia de la Filosofía. Gastaba un estilo claro y explicativo, allí aprendí más de una cosa importante para mi disciplina, como que los estoicos fueron los primeros que pensaron la realidad en términos de cuerpos físicos interrelacionados, eso que ahora alguien diría que es elemental, pero que no lo es en absoluto -es difícil, por ejemplo, determinar el cuerpo físico de la escala diatónica, aunque hay quién lo intenta. Lo más atípico del aquellos libros no era el desarrollo expositivo de la cronología del pensamiento occidental, que se ha contado mil veces y no de modo muy distinto, sino la introducción o prefacio o declaración de intenciones del propio autor. Severino, como era discípulo directo de Heidegger, fue de los pocos filósofos del s. XX que se dedicaba íntegramente a la filosofía, y no a la política o la crítica estética más o menos encubierta. La gente cree que es al revés, que los filósofos nunca atienden a la realidad práctica, al Lebenswelt, cuando más bien ha sucedido lo opuesto.

La inmensa mayoría de la producción filosófica del pasado siglo se confunde con la sociología o con la politología, aunque venga acompañada del marchamo arrogante de “ontológica” (sociología “ontológica” o teoría política “ontológica”, que es un ardid ya usado por Karl Marx para situarse por encima de las demás humanidades y no tener que aportar áridos datos o gráficas de lo que se dice). Las excepciones a esta vocación de meter baza en la vida pública y discriminar entre los buenos y los malos ciudadanos o las buenas y malas personas -los cronopios y los famas, en el lenguaje de Julio- han sido, espigando por encima, Henri Bergson, Martin Heidegger, Ludwig Wittgenstein, parte de la obra inteligible de Deleuze y Badiou, analíticos rigurosos como Quine, Grice o Davidson, y actualmente, si no me equivoco, Giorgio Agamben. Que cada uno juzgue si prefiere que los filósofos sean de la línea nefelibata, o sea, habitantes de las nubes, o de la línea engagée, la comprometida y política. Para mi gusto, y conforme a mi edad y experiencia, casi es mejor aquello de “zapatero a tus zapatos”, que el intrusismo profesional es nefasto en estas materias, pero entiendo que el gran público espere de los intelectuales que hablen claro y directo en vez de que hablen griego antiguo…

Severino, sin embargo, que murió hace tres días a edad récord -no tanto en filosofía: me parece recordar que Hobbes murió con los mismos años en el pavoroso s. XVII, que tiene más mérito-, pertenecía claramente a los nefelibatas, como su maestro el famoso ex-nazi que ni siquiera postumamente terminó de pedir perdón por sus errores políticos . Es por ello que los enfrentamientos ideológicos en la larga vida de Severino han sido con la Iglesia Católica de su país, y no con el marxismo o la filosofía analítica, puesto que los únicos profesionales del pensamiento que estaban al nivel de los cirrocúmulos sondeados por Severino eran los teólogos. Severino ha sido algo así como un escolástico de Heidegger, lo cual pudiera parecer imposible, pero ocurre mucho, también en España. No obstante, propuso una visión propia que llegó a interesar al propio Heidegger, pese a que iba totalmente a contracorriente de la filosofía contemporánea. En efecto: allí donde todos ya estamos más o menos de acuerdo en cuestionar el concepto greco-cristiano de ser, él lo afirmaba taxativamente. Se lo compraba, como dicen hoy los cuñados o los jóvenes emprendedores.

Defendía, por tanto, que el concepto de devenir (transformación, cambio, lo que llega a ser y deja de ser, el río de Heraclito, Panta rei, etc…) que Nietzsche había sacralizado y glorificado era un error, y encima un horror. Según Severino, Occidente sufre todavía las consecuencias de creer que hay tiempo, y que en el tiempo suceden las cosas, puesto que las cosas surgen y desaparecen en el tiempo. Eso que Warhol llevó al extremo asegurando que el futuro todos tendríamos nuestros 15 minutos de fama y ya, después sólo queda ser tragados por la Nada. Lo cierto, en mi opinión, es que hay que estar muy ensimismado en los libros para pensar así. Severino estaba convencido de que todo era eterno, desde la estrella Vega, que está en el quinto pino y es inmensa, hasta el acto de bostezar que ejecutaste ayer. A veces a mí también me gustaría pensar así, me joroba la filosofía de Roy Batty aunque resulte tan poética. Además, creo que Severino no se percató lo suficientemente de la influencia cristiana que pesaba sobre esa idea suya de eternidad y de ser, y que subestimó la intuición spinozista/nietzscheana del eterno retorno, es decir, del ser inmanente al devenir. Pero mi opinión no importa. Lo que hoy importa es que ha fallecido, pero conforme a su propia doctrina, no ha fallecido enteramente  ni lo hará jamás. Así que le deseamos una eternidad pletórica de sí mismo, en vez de desearle que descanse en paz…

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2 Comentarios

  • Pues a lo mejor tiene razón: incluso desde la física teórica existe una teoría en esa dirección, considerando al universo como un bloque atemporal en el que todos los eventos concurren simultáneamente. No sé cuál es la terminología en español pero en inglés lo denomina “block universe”. Yo personalmente no creo en el tiempo (sólo creo en el movimiento, que genera el cambio que confundimos con el tiempo:)

  • Sí, es lo que se conoce como entender el tiempo como un sólido, es decir, como un poliedro infinito en el que todas sus caras se dan a la vez (es decir, todos los instantes son simultáneos, espacializar el tiempo, en definitiva). La posición que Einstein toma simbólicamente de Spinoza, también defendida por Alan Moore y alguna película como Interstellar. Severino era menos eso y más eleata, o sea, estaba más de parte de Parménides. Del Sein und Zeit de Heidegger eliminaba el Zeit y se acabó el problema. Yo, en cambio, creo que el problema es real, que tiene que entenderse el ser en su conexión con el tiempo, y que Heidegger tiene razón en problematizar e investigar el trasfondo de la comprensión del ser como presencia. Si todo está presente a la vez -y ese “a la vez” también significa presente en perjuicio del pasado y el futuro-, como entiende Severino, entonces, primero, no se explica el tiempo como transición de una cara del poliedro a otra, y, luego, eso sólo da lugar a un pensamiento fatalista, el argumento perezoso que lo llamaba Leibniz. Puesto que el futuro está ya presente, no lo podemos cambiar. Pero lo contrario tampoco es del todo cierto, es incluso peor como actitud vital, eso de que todo lo que acontece se precipita en la nada, que es lo que rechazaba Severino. Frente a esa dicotomía, hay posiciones intermedias. mírate esto a ver qué te parece y gracias por tu comentario:

    https://hyperbole.es/2014/08/de-futuris-contingentibus-argumentos-filosoficos-contra-el-destino-2/

    http://hyperbole.es/2016/10/ano-internacional-aristoteles-y-iii-la-embarazosa-cuestion/

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