Armando Manzanero: la dulce melancolía de los viejos boleros

Veo ahora una grabación de la misma época a la que ví en la televisión, a mitad de los sesenta, en uno de aquellos programas de las noches de los sábados, cuando yo todavía era un niño y él debía tener ya más de treinta años, cuando el mundo que me rodeaba era otro y olía a brasero de picón y hacía tanto frío en los inviernos. Aquel estribillo que ha permanecido en mi memoria toda la vida, emergiendo de vez en cuando, cantado por un mejicano pequeñito, de voz dulce, sentado delante de un piano como para proteger su timidez de adolescente solitario, como si quisiera ocultar de alguna manera esa intimidad herida de los amores imposibles que nunca aparecen a tiempo o se escapan y ni siquiera nos miran o solo existen emocionalmente cuando se añoran.

Esta tarde vi llover
Vi gente correr
Y no estabas tu
La otra noche vi brillar
Un lucero azul
Y no estabas tu

Las canciónes sencillas con la que debieron bailar mis padres y mucha gente de otras generaciones en el mundo latino, manteniéndose en el aire asombrosamente a lo largo de un tiempo muy cambiante, entre músicas muy disonantes con ellas, cuando ya cantaban Elvis y los Beatles y todo lo que vino después y ya no se bailaba agarrado, ni los jóvenes querian ser formales, ni se vestían de domingo, ni buscaban un cariño limpio y puro. Las que volvió a poner de moda Alberto Perez en “La Mandrágora” como si algunos jóvenes de la movida necesitaran un eco de la vieja sentimentalidad de sus padres para ajustar su rompecabezas emocional y para recuperarse de las resacas de “Rock-Ola” donde siempre hacía demasiado ruido para susurrar algo que en el fondo siempre se anhela algunas veces, aunque se vaya de otra cosa y se pongan muchas tachuelas en la chupa de cuero o se tiña el pelo de verde.

El triunfo de ese hombre pequeñito que ha tenido siete hijos y ha hecho duetos con gente tan distinta a él como Lolita, Miguel Bosé, La Barbería del Sur o Presuntos Implicados; que lo han cantado otros de muchas maneras como Tonny Bennet, Maria Dolores Pradera, Buika o Alejandro Sanz; que ha sido interpretado magníficamente al jazz por Paquito d´Rivera; que ganó un Grammy honorífico a una trayectoria asombrosa y transversal que nunca ha pasado del todo de moda y que lo ha mantenido activo casi hasta el final lo cual es el triunfo indudable de una vida artística. Hasta que el covid se lo ha llevado por delante, como a tanta gente de su generación que tuvieron de sintonía sus canciones que seguiran susurrando en el futuro lo que siempre hacen las que llegan a ciertos rincones del corazón: Vivere aude.

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2 Comentarios

  • Manzanero como Mundo bolero, en un momento de plenitud del rock expresa un severo contraste. Y esa es la extrañeza de su contemporaneidad. Superviviente de los valores sentimentales de Lorenzo González y Lucho Gatica en momentos de cambio de tercio y de sensibilidades. Por ello las definiciones que ayer hacía la crónica de El País (Camila Osorio) por boca de Monsivais o el relato de Manuel Puig (El beso de la mujer áraña) da cuenta de esos territorios resbaladizos. Tan resbaladizos como los sostenidos entre nosotros con la Copla. Véase a Vazquez Montalban y su corazón partido entre el cuplé y la chanson.

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