Madre no hay más que dos…

Rapto de la Sabinas. francisco Pradilla

(…) Whose fresh repair if now thou not renewest,
Thou dost beguile the world, unbless some mother.

Soneto 3, W. Shakespeare

Freud parecía un hombre muy serio y muy sabio, pero en realidad tenía ideas de casquero. ¿A quién se le ocurre lanzar al mundo la idea de que incluso los niños sexualizan también a sus madres, de tal manera que ya no quede ni un recoveco libre en que las mujeres no sean más que el objeto de deseo de los hombres? El Complejo de Edipo, en efecto, no es otra cosa que decirles a las madres a la cara que hasta su pequeño hijo, el príncipe de la casa, quiere acostarse con ellas. Para ello, como se sabe, primero tienen que matar al padre, que es el que legítimamente posee a la madre a su antojo, pero esa es una liza justa, como las de toda la vida, un antagonismo entre machos, una ordalía medieval, cuyo botín es la hembra. Sigmund, insatisfecho todavía con su tropelía estúpida e inoportuna, hablará después de la “envidia del pene”, que es ya lo que faltaba, pero esa es otra historia… También los mitos antiguos, como el del rapto de las Sabinas, presentan la maternidad como materia de pillaje. Los sabinios acuden a una fiesta convocada por los romanos, y estos les birlan las mujeres. Ellas no se enfadan mucho cuando entienden que la finalidad de éstos no es la violación, sino la reproducción, de modo que terminan por interceder entre sabinios y romanos para que no se maten entre ellos. Total, que ser madre ha resultado bien difícil durante largos y penosos milenios. Empiezas aceptando que te rapten unos extraños que te separan de tu familia y tu recompensa siglos después es que venga un señor con un puro a contarte que tus hijos te quieren para lo mismo que tu jodido marido. En el ínterin, ser mujer ha consistido en esperar al matrimonio como se espera a que salga tu número en el Bingo, y cuando por fin has sido elegida, en ese mismo instante se acabó tu vida. Y más te vale que hayas sido seleccionada por el tipo adecuado, porque el divorcio no existe (¿fue George Sand la primera mujer en divorciarse?), y vas tener que aguantar a ese hombre hasta que se convierta en la canción más oída de Radio Ga Ga…

Luego están los economistas. Los economistas -tengo un compañero este año muy competente, que habla mucho de eso en clase- están convencidos de que sin “aliciente” no hay actividad productiva alguna, y que ese fue el pecado original de la Unión Soviética. No digo que no, pero que me expliquen qué aliciente puedan tener la madres para serlo. Durante esos muchos siglos a los que me he referido antes, los hijos han sido criados, alimentados, aseados y puestos a punto para la conquista del mundo por señoras usualmente analfabetas trabajando en el lado oscuro del reconocimiento social y cuyo único consuelo en la vejez ha sido ese otro señor de negro que escupe horrores pero que al menos no las fuerza, el párroco local. Yo creo que ese el motivo por el que los italianos han sido siempre tan agradecidos con la Mamma. Inconscientemente, se percatan perfectamente de todos los sacrificios que su Mamma ha hecho por ellos, y cuando lo piensan bien son capaces de llegar al llanto. Porque sobre las madres han recaído también las peores ofensas que se podían y se pueden hacer a un varón. En muchos idiomas, ser lo peor del mundo es ser un “hijo de puta”, con lo cual calificas a un hombre por la condición de su madre. Es la madre, por tanto, la finalmente vejada, y con uno de los dos más frecuentes epítetos con que son degradadas privada y públicamente -el otro es, claro, “loca”. De verdad creo que ser o no feminista debería ser una cuestión no de ser progre o dejar de serlo, ser mujer o ser hombre, ser hetero, homo o trans, sino de pura sensibilidad y conocimiento histórico. ¿Que usted no es feminista, o que el problema no le afecta? A usted lo que le pasa es que es un ignorante que no sabe ni una palabra de historia, y además cuando ve los telediarios lo único que hace es esperar las no-noticias absurdas e insignificantes del fútbol…

Así que yo personalmente me alegro de que hoy, en el cachito rico del mundo, y aún sólo en un porcentaje pequeño y culto de la población, existan familias que tengan dos madres, ya sea porque estén compuestas de dos hombres, de dos mujeres o de uno de cada pero ambos repartiendo tareas. Ya sé que quién lea esto, sobre todo personas cercanas a mi, reaccionarán a estas líneas con el gesto de desdén y descreimiento que el feminismo más imbécil -no iban a estar libres de eso, como nada lo está…- les ha enseñado. Me la suda, que es una expresión muy fea y desagradable que utilizan todas mis alumnas desde Primero de la ESO. Si toda madre ha sido siempre madre coraje, yo pienso serlo también para mis hijos. No me importaría incluso gestar: si Schwarzenegger pudo no veo por qué yo no. Felicidades, pues, en un día como hoy a todas las madres de ambos sexos y pertenecientes a todo los géneros…

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