Camarada Gorbachov

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”. Karl Marx

Esa afirmación de Marx, sobre las circunstancias de la historia, casa a la perfección con la trayectoria política de Gorbachov (de 1931 en Privólnoie –Krai de Stávropol–, 1931-Moscú, 2022) y ponen en el foco el relieve de lo individual en el seno de lo colectivo. Dicho todo ello desde la perspectiva del presente y desde la perspectiva del papel desempeñado por Gorbachov en la disolución de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Papel desempeñado por alguien que no llega desde fuera ni es un opositor, sino que labra su destino desde el interior de las organizaciones del viejo comunismo soviético en fase de esclerotización avanzada.

Comienza sus estudios de derecho en la Universidad Estatal de Moscú y en 1952 se afilia al PCUS con sólo 21 años: toda una vida por delante en el escalafón del Partido desde sus humildes orígenes campesinos. Finaliza los estudios en 1955 y pasa a desempeñar el cargo de primer secretario del comité del Komsomol –Juventudes comunistas– de Stávropol. Cargo que desempeña entre 1955 y 1962. En 1970, fue ascendido como jefe del departamento del comité territorial del PCUS de Stávropol. En 1966 pasó a ocupar el cargo de primer secretario del comité urbano del Partido de dicha localidad y en 1967, completó un curso por correspondencia en el Instituto Agrícola de Stávropol. En 1968, fue elegido segundo secretario del comité territorial del PCUS y en 1970 pasó a ocupar la primera secretaría de dicho comité. En ese proceso ascendente de la burocracia comunista de la URSS, Gorbachov sigue progresando en paralelo con las grandes desafecciones del universo comunista y sin que exprese gran inquietud ni dudas ideológicas. Así el bloqueo de Berlín entre 1948 y 1949, en 1953 con la muerte de Stalin, 1956 la invasión de Budapest, en 1961 el levantamiento del Muro de Alemania y en 1968 la invasión de Praga y el final del proceso del Socialismo con rostro humano de Dubeck.

En 1971, llegó al Comité Central del PCUS, en 1978, lo eligen secretario de Agricultura en el Comité Central del Partido Comunista. En 1980, se incorporó al Politburó del Comité Central, convirtiéndose en su miembro más joven (a los cuarenta y nueve años). Elegido Secretario General del Partido Comunista en 1985, Gorbachov inicia una proceso de transformación personal acelerada –y quizás, vivida inconscientemente– que le llevaría a liderar una política sin retorno –como demuestran sus intentos de crear distintos partidos políticos, de corte socialdemócrata Partido Socialdemócrata de Rusia y Partido Independiente Democrático de Rusia–, que se acomoden al cambio y hundimiento de la realidad de la URSS, donde el oficialismo del PCUS en el que había crecido y madurado se mostraba como una herramienta inservible para una sociedad diferente de la mitificada por el relato literario del Realismo Socialista. Y a cerrar, simultáneamente, la experiencia internacional y nacional que había dado comienzo con la Revolución de Octubre. Y de rebote a poner en cuestión todo el legado político del Movimiento Comunista que ya había sido cuestionado, primero con la Guerra Fría –intereses exclusivos de Stalin en su partida de ajedrez contra Estados Unidos y de rebote contra el llamado Mundo Libre– con el levantamiento del Muro y con la evidencia de la gestión gerontocrática del Comité Central del PCUS y de la nomenklatura de notables héroes de la Revolución y de la guerra. Ese era el caldo de cultivo del instante Gorbachov: un impulso para la traición de sus orígenes y un enorme desmentido de la fe sustentada durante largos años de cabildeo, asentimiento y colaboración.

Ya desde sus nuevas responsabilidades, comenzó el descubrimiento del cadáver que había legado la historia de la Revolución, y anunció que la economía soviética estaba estancada y que la reorganización política era tan necesaria como imprescindible. Inicialmente, sus reformas fueron llamadas uskoréniye (aceleración), pero tiempo después, se acabaron imponiendo los términos glásnost (liberalización, apertura, transparencia) y perestroika (reconstrucción) que se hicieron mucho más populares. Tan populares como la mancha de Gorbachov en la frente.

En junio de 1988, en la XIX Conferencia del Partido Comunista de la Unión Soviética, inició radicales reformas destinadas a reducir el control de la maquinaria gubernamental sobre las actividades privadas. Propuso un nuevo ejecutivo en la forma de un sistema presidencial, así como un nuevo elemento legislativo que se denominaría el Congreso de los Diputados del Pueblo de la Unión Soviética. Las elecciones para el Congreso de los Diputados del Pueblo de la Unión Soviética se celebraron en marzo y abril de 1989. El resto de 1989 estuvo marcado por las cuestiones nacionales que se tornaban cada vez más problemáticas y por la dramática caída del Bloque del Este, que anunciaba el hundimiento del Socialismo Real y terminaba con la confrontación de los dos bloques litigantes desde la Guerra fría. Con tales ingredientes, el pastoreo en la antigua URSS se revelaba cada vez más difícil y sin un claro cuaderno de ruta.
A pesar de que la distensión internacional alcanzó niveles sin precedentes hasta el momento, con la retirada soviética de la guerra de Afganistán –que concluyó en enero– y que los diálogos entre Estados Unidos y la Unión Soviética continuaron con Gorbachov y George H. W. Bush, las reformas internas comenzaron a sufrir la creciente divergencia y boicot, entre los reformistas que criticaban el lento ritmo de cambio y entre los conservadores que criticaban la extensión del cambio y miraban con nostalgia al pasado estalinista y hegemónico en Europa oriental. Gorbachov afirmó que trataba de encontrar un equilibrio entre ambas ideologías, cosa de difícil encaje como se acabaría viendo. El 15 de marzo de 1990 fue elegido como el primer presidente de la Unión Soviética. Y comenzaba una carrera hacia ninguna parte, aunque eso Gorbachov no lo sabía aún.

Gorbachov y Erich Honecker

El 19 de agosto de 1991 se produjo el intento de golpe de Estado, de tendencia involucionista, a manos de un grupo de altos funcionarios del PCUS, del gobierno no partidario de Gorbachov y la KGB. Este intento fue detenido por la fuerza del movimiento encabezado por el presidente de la RSFS de Rusia y figura en ascenso, Borís Yeltsin, quien, después del fracasado golpe de Estado, tomó la decisión inaudita y temeraria de ilegalizar el PCUS, y de decretar la nulidad de la anexión de las repúblicas bálticas. Cada vez más debilitado políticamente, sobre todo a raíz de la acción política de Borís Yeltsin, Gorbachov tuvo que dimitir de su cargo de secretario general del PCUS y disolver el Comité Central. El 25 de diciembre de 1991, se disolvió oficialmente la Unión Soviética y, como consecuencia de la negativa de los presidentes de las Repúblicas de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) de reconocer los órganos de poder central, optó por dimitir de su cargo de presidente de la URSS. Lo demás es el presente conocido de errancia internacional y difusión de la Fundación Gorbachov. Porque finalmente ha sido víctima de la política –incluso de la suya– como deja claro la voracidad intelectual y la indigencia política de Jean Paul Sartre al afirmar que: “Existe una moralidad de la política –asunto difícil y nunca claramente abordado–, y cuando la política debe traicionar a su moralidad, escoger la moralidad es traicionar a la política”. Y aventurarse a la muerte civil.

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