«Blonde»: no sobre Marilyn sino sobre las posibilidades del metaverso

Puede ser muy apetecible jugar a contemplar una vida por el ojo de la cerradura que nos conviene, mirar solo los aspectos que nos interesan, justificarla o demonizarla por algunos de ellos que consideramos simbólicos, fijarse solo en sus detalles más oscuros y sórdidos o, por el contrario,  imaginarla solo como un paseo luminoso entre rosas de muy distintos colores. Incluso es también muy sencillo jugar a imaginar las emociones de cualquiera, elucubrar sobre sus causas, proyectar sobre ellas los perfiles de nuestras propios deseos, de lo que imaginamos que sentiríamos en algunas circunstancias que se supone que ellas vivieron, aunque no estemos seguros de cómo fueron o nos las estemos quizá inventando, no solo porque no estuvimos allí, sino porque queremos dar rango de verdad a lo que inevitablemente solo puede ser una ficción, algo que nos interesa creer para iniciar la remodelación o la demolición de la imagen pública de alguien y, a la vez, de un tiempo o de una forma de pensar o de vivir, o de su representación cultural o estética para, al final, plantear un dilema ante el que posicionarse y ante el que ya está decidido de antemano el lado que se debería elegir.

Joyce Carol Oates, la autora de la novela en la que supuestamente está basada la película ’Blonde’, al menos lo avisa en su prólogo:

“Blonde es una «vida» radicalmente destilada en forma de ficción y, a pesar de su longitud, el principio de apropiación es la sinécdoque. Por ejemplo, en lugar de los múltiples hogares de acogida en los que vivió Norma Jeane de pequeña, Blonde explora solamente uno, y éste es ficticio; de sus numerosos amantes, crisis médicas, abortos, tentativas de suicidio e interpretaciones cinematográficas, Blonde muestra un grupo selecto y simbólico.

 La verdadera Marilyn Monroe llevó una especie de diario y escribió poemas, o fragmentos de poemas. De ellos sólo he incluido dos versos en el último capítulo (¡Socorro! ¡Socorro!…); los demás son falsos. Algunos comentarios del capítulo «Obras completas de Marilyn Monroe» proceden de entrevistas; otros son ficticios. Las últimas líneas de ese capítulo son la conclusión de El origen de las especies, de Charles Darwin. El lector que desee conocer datos biográficos fidedignos de Marilyn Monroe no debería buscarlos en Blonde, que no pretende ser un documento histórico, sino en biografías autorizadas. (La autora ha consultado Legend: The Life and Death of Marilyn Monroe, de Fred Guiles, 1985; Las vidas secretas de Marilyn Monroe, de Anthony Summers, 1986, y Marilyn Monroe: A Life of the Actress, de Carl E. Rollyson Jr., 1986. Otros libros más subjetivos sobre Marilyn como figura mítica son Marilyn Monroe, de Graham McCann, 1987, y Marilyn, de Norman Mailer, 1973.)”

Andrew Dominik en esta entrevista en Sing&Sound también trata de hacerlo, pero esa versión no es conocida previamente por el espectador que se acerca a unas imágenes que operan de forma muy distinta a las palabras, que son deliberadamente sugestivas e hipnóticas, y crean una sugestión de realidad trágica que lo impregna, que busca su identificación con emociones límites transmitiendo a la vez que fueron las unicas relevantes y que tuvieron una causa evidente. No solo el presunto dibujo interior de Marilyn sino el de todo su mundo, el de las personas que la rodearon que aparecen simplificadas en un gesto para dejar clara la causalidad de un fracaso. También de la tesis que lo sustenta todo: Marilyn fue un mito, lo tuvo todo y se quitó la vida. Él trata de expresar lo que intuitivamente le sugiere eso al margen de los hechos o seleccionado solo alguno de ellos, eludiendo todos sus logros o sus momentos de felicidad porque apenas cuentan para una vida que imagina profundamente infeliz por los traumas de su infancia. Por eso se suicidó, esa es la prueba. Y solo le interesa explorar una teoría más bien psicológica sobre ello.

«He leído todo lo que hay que leer de Marilyn. He conocido a la gente que la conoció. He investigado muchísimo. Pero, al final, todo es sobre el libro. Y adaptar el libro es adaptar las sensaciones que el libro me provocaba.

Veo la película, de alguna manera, como la visión de Joyce (Carol Oates) de Marilyn, que también es realmente Joyce (Carol Oates). Así que creo que la película trata sobre el significado de Marilyn Monroe. O uno de sus significados. Ella era símbolo de algo. Era la Afrodita del siglo XX, la diosa americana del amor. Y ella se suicidó. ¿Entonces qué significa eso?

Joyce (Carol Oates) está tratando de entender una determinada experiencia femenina, o una determinada experiencia humana. Tienes que jugar rápido y ágil con la verdad para tener un cierto impulso narrativo. Pero hay muchos procesos psicológicos que están dramatizados en Blonde, muchas ideas lacanianas y freudianas. Para mí, fueron solo algunas las escenas que encontré convincentes. Fui con mi instinto y lo escribí bastante rápido. Y no lo cambié tanto, a pesar de que estuvo terminado durante 14 años. Sé las formas en que esto es diferente de lo que la gente parece estar de acuerdo en que sucedió. No es que todos estén seguros. Nadie sabe realmente qué mierda pasó. Así que todo es ficción de todos modos, en mi opinión. No es aquello de lo que todo el mundo está seguro. Nadie sabe realmente qué narices pasó. Por tanto, es ficción en cualquier caso.«

Ana de Armas y Andrew Dominik. Foto Jose Maria Lopez

Es decir leyó algunas biografías, las filtró por su sistema de creencias, por su visión del mito Marilyn. Leyó la novela de Joyce Carol Oates y guiado por su instinto y legitimado por la idea constructivista de que todo, al final, es ficción porque nunca nadie sabe realmente lo que pasó, seleccionó algunos pasajes (de los pasajes muchas veces inventados por la autora) para escribir un guión que le permitiera reflejar un presunto mundo interior que reaccionaba ante un presunto mundo exterior, para buscar la causa de un fracaso, de una vida autodestructiva que deseó apagarse a pesar de parecer tenerlo todo. Como dice en una entrevista en The Wrap desecha incluso la posibilidad de que la asesinaran (cosa que no ocurre en la novela) y cree que murió de una sobredosis accidental (“Pero también creo que una sobredosis accidental es una forma de suicidio. Ya sabes, es una especie de forma de suicidio con la mano izquierda, pero la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda. Y en la película, supongo que lo presionamos un poco más. Era justo lo que creía. Creo que ella es esencialmente una persona autodestructiva. No creo que nadie pueda estar en desacuerdo con eso, que ella era una persona intensamente autodestructiva. Ella era una adicta, ¿sabes?). También cree que todo se remonta al dolor que le infligió su madre (“Creo que es realmente la madre. Creo que si tu madre desea que no existas, hay una parte de ti que intentará cumplir la ambición de tu madre y convertirte en lo que tu madre quiere que seas, casi como un acto de devoción hacia su madre”, explicó Dominik. “Creo que en realidad es más la madre que el padre, pero creo que la fantasía obviamente es lo que faltaba, podrían haber regresado y arreglado la situación”) y que quizá un padre lo hubiera mitigado (“Creo que el padre podría haber estabilizado a su madre, entonces la madre podría haberla amado. Creo que realmente se trata de su relación con su madre”…“Pero no estoy seguro de que Norma lo sepa. Todo lo que sabe es que si él hubiera estado allí, no habría sucedido. Pero creo que la relación principal es con la madre. No es con el padre»).

El resultado es una pelicula que refleja la pesadilla de una vida inventada con todas las posibilidades técnicas que procura el cine actual. Es por eso que ha sido perturbadora para mucha gente de muy distinta procedencia, desde feministas, biógrafos y críticos hasta admiradores de la actriz. Elsa Fernandez Santos resume en este artículo algunas de ellas. En éste Carlos Boyero refleja sus sensaciones ante lo que le parece una sucesión insoportable y confusa de llantos y gritos donde no aparece en ningún momento, a pesar de las casi tres horas de metraje, ninguna de las cualidades que la convirtieron en una actriz luminosa y fascinante para multitud espectadores de varias generaciones. Tampoco la complejidad de sus relaciones con hombres o mujeres: Di Maggio solo la maltrató a pesar de que se siguió relacionando con él hasta el final e incluso pagó su entierro; la relación con JFK se reduce a una mamada mientras habla por teléfono y piensa en otras cosas; Arthur Miller no supo ayudarla y también terminó manipulándola; nunca se reconoció en la pantalla cuando triunfaba y siempre se sintió una impostora. Solo la cara oculta y oscura de la presunta luna. Algo que termina siendo inquietante y desagradable por mucho que al director le resulte interesante explorar la génesis de un trastorno mental generado por el abandono (y su miedo perpetuo a él) que algunos dicen que pudo tener y que probablemente sea la causa de que esté siendo un fracaso de audiencia para Neflix.

Aparece estos días en televisión un anuncio de Metainnovations donde se especula con las posibilidades del metaverso tanto en la educación (se podrá ir al año 32 A.C. a ver debatir a Marco Antonio en la antigua Roma) y se anticipa una conclusión: «Puede que el metaverso sea virtual pero su impacto será real«. Es inevitable pensar en las posibilidades de manipulación en unos alumnos que ya apenas leen y que además exigen no ser perturbados en sus emociones identitarias en un aire social woke. Es imposible no pensar en como podrían intentar utilizar estas posibilidades ideologías con tentación totalitaria, tanto de derecha como de izquierda, cuando la verdad y los hechos parecen conceptos demolidos por la filosofía postmoderna y ni la ciencia se considera ya una referencia sólida para establecer hechos ciertos. Es imposible no inquietarse al intuir que quizá las palabras ya no sean suficientes para neutralizar relatos falsos (es muy interesante leer «El poder de las palabras» de Mariano Sigman) porque las imágenes pueden haber secuestrado las cabezas abducidas, desde muy jóvenes, por las pantallas. Habría que construir otras imágenes, pelear en ese nivel, algo que siempre estará al alcance de muy pocos o supondría un cambio de paradigma cultural. Se lo preguntan indirectamente a Andrew Dominik pero no parece preocuparle:

«Crees que existe el riesgo de que la audiencia tome a Blonde como un evangelio sobre Monroe, aunque esté claramente basado en una novela? ¿Y importa?

No creo que eso importe. ¿Por qué importaría?

Quiero decir, es una de esas cosas. Citizen Kane es una obra maestra, pero Marion Davies y William Randolph Hearst fueron interpretados únicamente a través de ella durante mucho tiempo.

¿A alguien le importa, de verdad? Las personas que hacen películas tienden a pensar que son increíblemente importantes. Pero es solo una película sobre Marilyn Monroe. Y habrá muchas más películas sobre Marilyn Monroe.»

El asunto no tendría importancia si la película fuera sobre un personaje de ficción pero se refiere a una actriz como Marilyn en el 60 aniversario de su muerte. No hay ninguna intención de acercarse comprensivamente al personaje utilizando los hechos mas ciertos que se saben sino solo poner a prueba una tesis psicológica y quizá una visión del Hollywood de su época o incluso un disgusto por la calidad de sus películas. El truco es que no se considera la verdad como un espectro al que es posible aproximarse a través de los hechos aunque quizá no pueda llegarse nunca al cien por cien. Por el contrario se argumenta que si la verdad absoluta es imposible de conseguir cualquier aproximación es una ficcion como cualquier otra. Vale todo, por tanto, y ni siquiera hay que justificarlo. Camino abierto para que los charlatanes con sistemas de creencias cerrados o simplemente estúpidos hagan su juego.

Reconozco que la película me resultó desagradable y que ni siquiera la estupenda actuación de Ana de Armas, ni algunas buenas secuencias, me reconfortaron un poco. Quizá porque, como dice el director, desde su elucubración psicoanalista sobre el inconsciente, yo también realicé una fantasía de rescate cuando escribí un artículo sobre ella proyectanto una visión que quizá trataba de redimirla y debía sentirme algo frustrado.

¿Crees que la película ayuda mucho a desentrañar o revertir la idea de que Monroe es una loca o una persona difícil?

«Creo… que explica por qué. Quiero decir, todos están locos. Cuando hablamos de Marilyn, ya sea que esté leyendo un libro de Gloria Steinem [Marilyn: Norma Jeane, 1988] o de Norman Mailer [Marilyn: A Biography, 1973, en respuesta al cual se escribió el libro de Steinem], ambos son proyecciones y fantasías. Marilyn representa una especie de fantasía de rescate. Y la película no es diferente. La película es una fantasía de rescate. Sentimos que tenemos una intimidad especial con su personaje. Esa es la atracción por Marilyn, ese sentimiento de que somos los únicos que entendemos. Que podríamos haberla salvado de alguna manera. Y tal vez la otra cara de eso sea una fantasía de castigo o una fantasía sexual.«)

Así que haré como Boyero. Olvidaré Blonde y me volveré a ver las películas de Marilyn, comenzando por «Con faldas y a lo loco» o por «Eva al desnudo«, y me dejaré llevar por las fantasías que me sugiera la alegría de su erotismo hacia las fiestas de aquellos tiempos que no debieron ser tan aburridas aunque tuvieran sus peligros. Si todo son ficciones eligiré la más amable como hizo Garci (ahora le han puesto restricción de edad en Youtube), como trataré de hacer, cada mañana, dentro de unos años, en la Residencia de Ancianos desde el metaverso que imagino que ya estará muy desarrollado y listo para que lo utilice. Elegir un avatar y jugar a ser fotógrafo de Vogue en el Paris de los sesenta o tomar un aperitivo en Saint-Tropez conversando con alguien inteligente a mediodía o quizá transitando con (nuestra) Marilyn en un descapotable rojo hacia algún sitio con sol y palmeras y un mar turquesa. Si hay que elegir algo elegiré la cara luminosa y sonriente de la luna, antes de que el tiempo se acabe, o nos lo llenen de niebla los iluminados.

«Mi Marilyn». Jose Luis Garci, 1975

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