Fernando Sánchez Dragó: el hombre que quiso vivir

Decía Gregorio Marañón en la introducción a su biografía del Conde Duque de Olivares que la desigualdad humana brotaba de raíces muy profundas a las que concedía la categoría de instinto: de la necesidad humana de superación que consideraba tan fuerte como el de sobrevivir o el de procrear.  Un “ansia de diferenciarse ventajosamente, según los grados de su tensión, del resto de todos los demás hombres de la tierra, de los de su país, de los de su clase y oficio, del grupo de sus amigos, de sus familiares, en fin. En cuanto se pierde este instinto, el espíritu del hombre se quiebra y queda fuera de la corriente de la vida eficaz.” Consideraba además que ese afán de superación no solo podía tener características cuantitativas (intentar tener más dinero o más poder ) sino también cualitativas como intentar ser más raros, elegantes u originales. Evidentemente, según él, sus resultados podían llevar al éxito social, al poder, al heroísmo, a la santidad o a la ruina y “la perversión sexual”, pero también a todo tipo de renunciamientos para conseguir “la gloria”, incluidos la abdicación de todo lo considerado mortal o material como la sensualidad o la vida.  Me viene esto a la cabeza ahora que ha muerto Fernando Sanchez Dragó, quizá un ejemplo de persona pública, de escritor, donde esta tendencia alcanzó unas características  especialmente coloridas e intensas, quizá porque tuvo la suerte de tener un contexto social, una inteligencia y un temperamento fuerte y optimista que le permitió hacer equilibrios sin despeñarse del todo en muchos mundos procelosos  y en muchas metamorfosis a lo largo de su larga vida.

Tenía la sensación de que ya lo veía en programas de televisión antes de irme a Madrid en el 75 pero veo que no cuadran las fechas y Encuentros con las letras no comenzó hasta 1976 y no lo presentó él hasta el 79, así que debía verlo en las vacaciones o en los veranos y no se si en aquella sala de televisión que había en el colegio mayor en los primeros años en los que viví allí. Pero lo importante es que desde entonces, desde mi primera juventud,  el timbre de su voz, su forma de presentar libros, de hacer entrevistas a escritores que admiraba o de conducir debates muy interesantes con una sabiduría que procuraba que fluyeran muy cordialmente aunque existieran opiniones muy encontradas e incluso él tuviera las más radicales o trasgresoras. Y, desde luego, dando la impresión de habérselo leído todo antes con pasión, con la mesa llena de libros subrayados o llenos de marcas que de vez en cuando abría para citar o preguntar. Una constante que yo siempre encontré en los programas de libros que hizo a lo largo de la vida como Negro sobre Blanco, El mundo por montera o incluso los que fue haciendo muchos años después en diferentes cadenas aunque algunos ya no fueran de literatura y abordaran temas que me quedaban muy lejanos. Pero, si los encontraba por causalidad en algún canal siempre me demoraba un poco quizá porque me recordaba la pasión por la literatura y porque siempre me pareció un tipo cordial y simpático aunque pudiera tener opiniones que me parecían muy estrafalarias.

Me recuerdo hablando con Francisco Umbral, cuando lo acompañábamos a su casa aquel día que comimos con él. Dragó acababa de publicar “La historia mágica de España” con un éxito extraordinario que quizá creó, sin duda, envidias en muchos escritores. Ese libro que yo no leí entonces y que anoche, hojeándolo, se me seguía cayendo de las manos (simplemente porque esos temas no me interesan en absoluto y también me dan mucha grima) tampoco le gustaba a Umbral que entonces iba de marxista duro y le quedaba muy lejos la postura de hippy viajero y un poco místico que practicaba Dragó y tampoco valoraba demasiado su escritura al contrario de lo que le ocurría con la de Fernando Savater que le parecía, sobre todo, un escritor excelente. Debió ser por aquella época de viajes  donde encontró la luz de los dioses en una experiencia mística, creo que mirando un río de la india, quizá ayudado por alguna de las sustancias alucinógenas a las que al parecer fue muy aficionado toda la vida.

Con motivo de su muerte veo y leo entrevistas (ésta en concreto de Jot down es magnífica para hacerse una idea de sus creencias y de su forma de ver la existencia) y me doy cuenta de que, a lo largo del tiempo, ha estado a menudo presente en mi vida, sobre todo a través de artículos en los que era bastante impredecible lo que iba a opinar sobre las cosas y con los que siempre era posible hacer guantes y poner a prueba las propias creencias o convicciones que uno se iba construyendo con el tiempo. Como le ha gustado mucho llevar la contraria, ha vivido muchas vidas, ha estado en muchos sitios, ha opinado de todo (muchas veces de forma evanescente, contradictoria o incluso estrafalaria)  probablemente ha acertado y se ha equivocado muchas veces. Acertó en luchar contra la dictadura a pesar de que entonces creía que a su padre lo habían fusilado los republicanos (luego resultó que fueron los nacionales según le dijo un policía cuando estaba detenido en una comisaría, lo que luego contó en Muertes paralelas); también en salirse pronto del partido comunista cuando se dio cuenta de los infiernos que defendían y en lo que se concretaba eso en la vida cotidiana. También en ponerse radicalmente en contra de la cultura woke y del puritanismo de la nueva izquierda que ahora nos amenaza. No estoy tan seguro de que lo hiciera en todo ese constructivismo místico que fue cincelando a lo largo de los años, en las que ya no cabían más dioses de oriente y de occidente, misterios eleusinos, secretos pitagóricos e iluminaciones varias. En mi opinión terminó levantando los pies del suelo a su hiperbólica manera, denostando la ciencia, la civilización occidental en general y la Comunidad Economica Europea en particular, apoyando a Trump o a Putin  y queriendo volver al siglo VI antes de Cristo donde, al parecer, se vivía muy bien sin estado del bienestar ni teléfonos móviles. Eso sí nunca perdió el optimismo y la sonrisa cordial, ni la capacidad de ganarse bien la vida para intentar vivir muy lejos de todo, resguardado en un pueblecito tranquilo de un país (occidental) que decía odiar, ni tampoco olvidó nunca los consejos del viejo Reich respecto a los beneficios del orgasmo y la conveniencia de amar frecuentemente a bellas mujeres. En eso su vida parece haber sido exitosa al igual que en haber trotado hasta el mismo borde de la muerte como un hombre sin edad que decía trabajar en lo que le gustaba doce horas al día.

En una entrevista contaba que tenía un féretro en el centro de su biblioteca para meditar con cierta gravedad cada día  y, también, que tenía comprada la lápida y el terreno donde debían enterrarlo a pocos metros de su casa para no producir ninguna molestia a sus familiares y amigos cuando le llegara la hora. Sería muy interesante saber cuál de los dioses en los que decía creer lo ha premiado finalmente en el sueño de una muerte muy rápida pocas horas después de inmortalizarse con su gato al cuello en el último tuit. Decía que un hombre sin enemigos no era nadie y desde luego él ha tenido bastantes. Tampoco sin amigos de los que también ha tenido muchos y buenos. Imagino a sus allegados eligiendo uno de los epitafios que él ya había propuesto: “Soledad y silencio por fin”, “Cielo o infierno: ya se verá” o quizá el más irreverente remedando al gran Groucho: “Perdonen que no se me levante” probablemente especialmente dedicado a sus enemigos.

Por mi parte lo echaré de menos. Era un tipo que, a pesar de todo, me caía bien, de los que me gusta que anden por el mundo y que creo que son fundamentales en las sociedades abiertas. Un buen escritor muy culto que ha tratado de vivir a su manera y lo ha conseguido, que ha tenido la valentía de llevar la contraria a la opinión mayoritaria y el punto de locura de correr los riesgos de hacerlo. Sobre todo en una época nada fácil, donde era  muy probable que le dispararan de muchas maneras,  los suyos y los otros, a la menor disidencia. Un cierto tipo de libertario español que ha tenido la suerte de vivir una vida muy larga y muy intensa.

Encuentros con las letras (ver programas)

Negro sobre blanco (ver programas)

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3 Comentarios

  1. says: Óscar S.

    «Un temperamento fuerte y optimista», como dices, no se le puede negar. Quien quiera saber a qué pudo referirse Dragó con la vida en el s. VI a.C. que lea la ambiciosa novela «Creación» de Gore Vidal. Creo que por ahí van los tiros…

  2. says: Ramón González Correales

    “Todos hemos pensado alguna vez en qué momento de la historia nos hubiera gustado nacer. Yo lo he pensado en infinidad de ocasiones desde que era joven, y desde luego el momento de la historia en que más me disgusta nacer es precisamente el que he nacido. Cualquier momento anterior me hubiera gustado más. Por eso si me dices a mí —y no lo puedo proponer para los demás— que aparece aquí Mefistófeles y me dice aprieta botón y vuelves a nacer en el momento de la historia universal que prefieras: siglo VI antes de Cristo. Es el siglo de Buda, de Confucio, de Lao-Tsé, de Zaratustra, de los movimientos órficos, de Pitágoras, los presocráticos… Ese es el mejor momento de la historia universal. Todo lo que sabemos se dijo en ese siglo y desde entonces el mundo está en continua decadencia.”

    https://www.jotdown.es/2012/07/fernando-sanchez-drago-lo-que-mas-me-ha-ensenado-en-la-vida-han-sido-las-ingestas-de-lsd/

  3. says: XLuis MP

    Bueno, vivir en aquella época era muy duro, mitificamos mucho tiempos y lugares en los que la calidad de vida en comparación con la hoy en nuestras sociedades era escasa. Aunque algunos vivían bien y mucho mejor que la mayoría, claro, pero, por ejemplos en términos de salud, y más en concreto del dolor, tenían que ser tiempos muy duros. Por lo demás, si, existían esos genios, sobre todo genios para su época, algunas de sus «teorías» o ideas aun siguen vigentes hoy en día, acertada o equivocadamente, y otras no son validas hoy por hoy, acertada o equivocadamente. No se que pasará con unas y otras en los diversos futuros. Pero la inmensa mayoría de la población no la componían genios. Y Dragó da por hecho en esta respuesta que de nacer en esa época y en esos lugares los conocería y/o tendría algún tipo de contacto con ellos y eso es mucho suponer. Podría haberlo tenido, o no, o quizás con alguno/s pero no con todos. O con ninguno, que quizás fuese lo más probable. Pero, quien sabe.

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