Italo Calvino y Nuccio Ordine en la despedida

Son dieciséis, los años que transcurren entre el proyecto truncado de las conferencias de Harvard, de Ítalo Calvino (1923-1985) y la aparición del trabajo-escaparate de Nuccio Ordine (Diamante 1958- Cosenza 2023) La utilidad de lo inútil en 2010. Título que, por una rara errata o por un lapsus, Daniel Verdú en su nota de El País, lo denominaba como “La inutilidad de lo inútil”, que de haber sido ese su verdadero y auténtico título, encerraría una suerte de boutade innecesaria. No se trata de predicar cualidades evidentes, como ‘lo humano es humano’, ‘lo azul es siempre azul’, también ‘Siempre llueve hacia abajo’. Sino de descubrir alguna razón oculta en el enunciado que se propone.

Como de hecho así propuso Ordine, con la alteración de los sentidos entre lo útil y lo inútil en el campo del conocimiento en general y en el campo particular de las humanidades. ¿Para qué sirven ciertas disciplinas artesanales en la era de la aceleración tecnológica? Y ¿cómo hay que enfrentarse al mundo en momentos de incertidumbres variadas? Sería tanto como pararse a responder sobre la utilidad de la filosofía griega en la carrera espacial y sobre la necesidad de tal equipaje en un mundo cada vez más mecanizado.

Referido todo ello, al papel que el campo de las humanidades –en sentido tan amplio como académico, tan formal como retórico– desempeña en un mundo crecientemente tecnificado y provisto de saberes fuertemente instrumentales que viajan de lo micro –de la genética y de la biología molecular– a lo macro –de la astrofísica y de los dilemas energéticos–. Frente a esas cuestiones cruciales, que pueden determinar el futuro como especie, Ordine reivindicaba el lugar del saber tradicional de las viejas disciplinas y seculares materias. Oscar Sánchez Vadillo, en estas páginas ejemplificaba esa oposición entre el Trívium literario y el Quadrivium tecnificado.

Italo Calvino

Mi recuerdo a Calvino, del encabezamiento –autor por demás de un texto al que tanto debe el Ordine de Clásicos para la vida (2017), como es Por qué leer los clásicos complejo de lecturas de diversos años, publicados de forma agrupada en 1991–, tiene que ver con la imposibilidad que se produjo en Calvino de dictar las conferencias de 1985, que darían lugar, posteriormente, al texto Seis propuestas para el próximo milenio (1989). Igual que Ordine, se verá fatalmente imposibilitado de recoger el Premio Princesa de Asturias de la Comunicación y Humanidades de este año. Y, con toda probabilidad, de hablar, como lo habría hecho, en nombre de todos los premiados, para fijar la posición de 2023 de las cuestiones que le preocupaban desde hacía años. En un texto que versaría de esas dificultades que venimos enunciando en el campo de las humanidades recorridas por los asaltos de la Inteligencia Artificial, de la Realidad Virtual, de las proyectos curriculares en los trayectos formativos y del Chat GPT como base creativa de los años venideros.

Si el texto de Calvino quedaría falto de la cuestión número 6 –la relativa a la Consistencia, según el prólogo de Esther Calvino, que además deja ver que no habrían sido Seis las cuestiones a abordar en las conferencias de la catedra de las Charles Eliot Norton Poetry Lectures, sino Ocho– las otras cinco propuestas que darían armazón conceptual al nuevo siglo entrevisto desde 1985, serían las ya conocidas de Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad. Cuestiones que tienen que ver más con la posición de lo Literario en el siglo XXI que con los cuestionamientos detectados veinticinco años más tarde por Ordine entorno a la sabiduría y el aprendizaje.

Deja ver Esther Calvino, en el citado prólogo a Seis propuestas para el próximo milenio, de la que habría sido la Octava cuestión, que versaría “Sull cominciare e sul finire”. Esto es sobre el principio y sobre el final, cuestión medular en buena parte de la escritura de Calvino. Tan preocupado por la forma de iniciar los relatos, de proseguirlos, de desdoblarlos, de anularlos y de terminarlos, cuando toque y surja. ¿Pero quién dicta un final y cuando surge? Igual que en la posición conceptual de Nuccio Ordine, aparecen tantas cuestiones crepusculares que dan cuenta de ciertos desvanecimientos en una cultura –y en unas formas culturales en mutación– que aparecen a medida que se desvanecen y señalan una extinción anunciada. Y esta es la vieja cuestión desbrozada por Oswald Spengler en La decadencia de Occidente (1918), que daría posterior salida a las posiciones crepusculares –los Apocalípticos, los llamaría ya en 1964 Umberto Eco–. Piénsese en las reflexiones de entreguerras, en la década de los años treinta sobre la decadencia y la técnica: El Malestar de la cultura de Freud (1930), Técnica y civilización de Lewis Mumford (1934) y hasta La meditación de la técnica de Ortega y Gasset (1939). Cuando la decadencia estaba ya servida en forma de conflagración bélica. En esa tesitura hay quien sigue preguntándose sobre la lectura de los clásicos y su utilidad invisible.

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