Miguel Cortés, Cuaderno de Sicilia

Abu-el-Layhh, conocido como Sikilio o Siciliano, fue autor (según Alfonso el Sabio) de las gigantes manzanas que coronaban el antepecho de la primitiva Giralda almohade. Perdidas en el terremoto de 1395 al romperse el espigón de anclaje.

Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa Calpe. Voz Sevilla, tomo LV, 1927

Llamar a un trabajo de estas características como Cuaderno es un claro ejercicio de voluntad del autor, por fijar una referencia precisa y determinada. En la medida en que podría haberse optado por otras de las 39 acepciones –o alguna más– para su denominación posible. Alguna de ellas recogidas, sagazmente, por María Moliner en su Diccionario de uso del español. Quien nos propone voces similares para denominar un trabajo de estos atributos y valores. Así cabría haber llamado a esas notas que recogen 27 apartados y 5 capítulos de los aconteceres sicilianos, de formas diversas: desde Agenda a Álbum, Bloc, Breviario, Carnet, Cartilla, Directorio, Dietario, Libreta, Manual, Memorándum, Memorias, Memorial, Minutario, Pandectas o Vademécum. Acepciones posibles, de la mano de María Moliner, que se podrían ampliar a otras más como: Anotaciones, Apuntes, Aventuras, Estancias, Diarios, Jornadas, Lecturas, Panoramas, Paisajes, Paseos, Secuencias o Visiones. Todas las acepciones recogidas, abrían cabido y servido para dar contenido a los desvelos sicilianos de Miguel Cortés Arrese. Con la salvedad de que el mencionado Cuaderno –de Sicilia–, alude –como reitera Moliner– a un grupo originario de cuatro elementos cosidos o encuadernados “para dar cuenta de apuntes, cuentas y anotaciones” y que bebe del Quaternum romano. Por lo que la fijación de MAC en el Cuaderno de referencia tiene que ver con la preminencia a cuatro grupos de asuntos centrales –y tal vez, obsesivos en el desarrollo de su viaje– que se despliegan en el libro. A saber, a mi juicio: El arte Bizantino/El templo griego; el Cine sobre Sicilia/ la Literatura sobre Sicilia, Las Iglesias Normandas/Las Iglesias Barrocas y Los Paisajes volcánicos/ Paisajes Insulares. Por más que en esos cuádruples movimientos de captura, MCA omita dos aspectos cruciales a mi juicio, en la historia y configuración de Sicilia. Omita tanto la Mafia –“Organización clandestina de criminales en Sicilia”, según la repetida Moliner– como el inevitable movimiento del Sur al Norte en los procesos migratorios tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque de este último caso sí que aparece referencias, como la alusión a la doble migración de Franco Battiato y de los Parondi, enmarcados en la pieza memorable de Luchino Visconti. Años atrás alguien se interrogaba a propósito del imposible, se interrogaba sobre ‘El calor de la nieve’. También Luis Mateo Díaz escribía sobre la película viscontiniana ‘Rocco e il suoi fratelli,’ un bellísimo texto que dilapidaba entre sus lectores como ‘La corrupción en la nieve’. “…luz gris de un invierno que parece eterno”. Sin advertir o quizás sí, que la nieve preserva y no corrompe, con su capacidad de paralizar los procesos de putrefacción, ya que anticipa las técnicas criogénicas del hielo y aún del frío industrial, como ocurría antes cuando todo el frío conservado procedía de los llamados pozos de nieve o neveros. Quizás por ello el énfasis del escritor leonés era señalar la pureza satinada, blanca de armiño, que la nieve suscita y la facilidad de emponzoñar ese desierto blanco. Si la nieve como algo sagrado que intima con el frío, es capaz entre los hombres de corromperse o de ser corrompida, es que no hay salvación posible. Como ocurre con la familia de los Parondi llegados del sur italiano al frío central de las periferias de un Milán, abierto y cerrado al mismo tiempo, narrado por Giovanni Testori y visualizado por Visconti, con una maestría de frío glacial y con la majestuosidad de cristal congelado.

Miguel Cortés Arrese

Hace unos meses daba cuenta en estas mismas páginas del trabajo de MCA, Paisajes del románico en tierras de Castilla. Trabajo que nos situaba en otro de los centros de interés del escritor y estudioso, catedrático de la UCLM ya jubilado y que se nos presenta con una fertilidad de la madurez creativa. Ahora –meses después de aquello– MCA me hace llegar con una nota manuscrita con tinta azul en tarjetón acartonado de 10 por 15 centímetros, como suele ser habitual en él –detalle, que es de valorar, tras el episodio sufrido en su salud en el pasado verano– la última pieza de su cosecha imparable. Para verificar un salto significativo y en el mismo año de publicación, entre el Románico español y el arte bizantino de Sicilia.

Editada, como otras más de sus obras, por Los libros de la Catarata, que responde al sugestivo y breve título, ya reiterado antes, de Cuaderno de Sicilia. Y que la editora subtitula en su página, como “Una guía para comprender el origen y la historia de los tesoros de Sicilia“. Por más que sea – como el propio título desvela con su denominación de Cuaderno– una suerte de breviario viajero, de las estancias sostenidas por MCA en diferentes momentos de 2017 y de 2023. Si nos atenemos a la última fecha de los viajes sicilianos de MCA, obtenemos una extrema celeridad en la respuesta escrita y en la presencia editorial. Por más que otras pistas desplegadas –como ya veremos– nos señalen que el Cuaderno de Sicilia, es más un texto de composición reflexiva ‘a posteriori’ –y en parte, anticipada en otras escrituras– que de anotaciones viajeras producidas en paralelo y a bote pronto, al movimiento viajero. Bastaría captar –como hace en la página 81– la referencia a la pieza de 2019, Vidas de cine. Bizancio ante la cámara, para entender la recurrencia de los asuntos tanto en 2019 como ahora en 2023. Una recurrencia al cine, como ya hiciera en 2003 Flaminio Di Biagi con su pieza Il cinema a Roma. Guida alla storia e ai luoghi del cinema della capitale. Incursión tanto la de Di Biagi como la de MCA que permite reconocer al cinematógrafo como una fuente documental imprescindible en los nuevos estudios humanísticos que pueden producirse sobre ciudades, culturas y sociedades. Aquí, cuenta con el elenco de los Rosellini, Visconti, Zeffirelli, Rosi, Coppola, Cimino, Gianni Amelio y Giuseppe Tornatore, para dar cuenta de la isla y de su trasfondo vital. Desde La terra trema de 1948 a Cinema Paradiso de 1989, desde Stromboli de 1950 a Salvatore Giuliano de 1962, desde El cartero y Pablo Neruda de 1995 a Malena de 2000. El caso de las referencias literarias que se despliegan por el libro como cuentas de un rosario –algunas recogidas en la bibliografía final– y como muestra de una abundancia de intereses, nos permiten atisbar la importancia de miradas plurales, desde los nativos Camilleri y Sciascia, a los extranjeros: Durrell, Steinbeck, Thomas Mann, Evelyn Vaugh, Peyrefitte, Berenson, Maupassant, Carlo Levi, Elio Vittorini, De la Rada y Delgado, René Bazín, Josep Pla, Dumas, Goethe, Truman Capote o Joachim Fest.

La centralidad de las otras dos cuestiones –primera y tercera del grupo de cuatro asuntos centrales sicilianos– tienen relación con la arquitectura y con el Arte mismo. Pero sobre todo con la soberbia y extraña presencia del arte bizantino en la mayor de las islas del Mediterráneo, y que parece ser uno de los motivos centrales de la peregrinación de MCA, en función de sus contrastados intereses de Bizancio, Constantinopla y Oriente en general, que componen ya parte de la biografía escrita de MCA. Me refiero con ello a los casos excelentes de la Capilla Palatina de Palermo, del Duomo de Monreale y de Cefalú. Todo ello sin menoscabo de otras secuencias y paisajes no menores, desde Siracusa a Selenunte, desde Catania a Messina.

Breviario que no se limita a ser un Manual de viajes y de viajeros–con paradas y recomendaciones al uso– sino un compendio de reflexiones y estudios de distinto alcance y valor para comprender ese territorio que el prologuista, Giorgio Vespignani, nos informa y hace saber –y no de manera retórica ni aforística– que “es una isla, [pero] no es una isla cualquiera”. Podríamos sostener en ese juego de equilibrios y sentidos, la máxima anotada por la revista –ya, tristemente, desaparecida– Archipiélago: “Conjunto de islas unidas por aquello que las separa”. Aplicable al caso de Sicilia, en ese proceso de unión/desunión de oriente y de occidente, de norte y sur. Una isla que ha sostenido históricamente una centralidad no sólo geográfica, sino política en el Mediterráneo. De ello da cuenta tempranamente –en la página 14– MCA: “Ha sido objetivo preferente de catalanes y aragoneses por el oeste, árabes por el sur, griegos y bizantinos por el este y normandos y alemanes desde el norte”. De igual forma que ocurre con el relato ‘del templo dórico períptero más antiguo de Sicilia’, en Ortigia: “Fue iglesia bizantina, más tarde mezquita, después basílica normanda, cuartel en la época de la dominación española y con la posteridad acogió viviendas privadas”. Una isla palimpsesto –con huellas superpuestas– como demuestra el hilo de su historia que jalonan sus atributos griegos y fenicios; luego cartagineses; su constitución en 212 como provincia senatorial romana; las invasiones de vándalos en 440 y de ostrogodos en 493; la conquista de Belisario y su adscripción al Imperio de Oriente en 535; la conquista árabe en 827 o la conquista normanda de los Hauteville en 1063. A la cual se acerca MCA en sus diversas derivas orientales y orientalistas que ya son muchas: entre Bizancio y Rusia, anidan algunos de los intereses analíticos y sentimentales, como muestran algunos de los textos publicados en años anteriores. Me quiero detener en uno de los trabajos precedentes ya citado antes, como fuera Vidas de cine. Bizancio ante la cámara, como si el Cuaderno de viaje se transformara en un Storyboard de una potencial película en curso de rodaje, con su tiempo pautado y su espacio pausado. La preocupación –interés y ocupación– de MCA por ese universo queda señalada por el citado prologuista: “Su Cuaderno resulta tan llamativo porque nunca ni una línea le sale descontada y banal, más bien es una guía para ayudarnos a comprender, en el sentido más profundo, el origen y la historia de los tesoros de la isla, en particular los tardorromanos, o bizantinos, y los bizantinos-normandos”.

Duomo Monreale

Algo parecido a esa confluencia de intereses realizaba Alfonso González Calero en la recensión en Miciudadreal, el 10 de noviembre de 2021, del trabajo Voces para corregir el rumbo. “En mi opinión la vocación investigadora y divulgadora de Miguel Cortés va más allá de su perfil académico y se abre a un enorme horizonte de intereses que revelan los temas que ha tratado en su abundante producción ensayística: el mundo de Bizancio, en el pasado y en el presente; los mundos de la inmensa Rusia (luego la URSS) a través de los viajeros y de otras manifestaciones de su cultura, su historia y su arte; el mundo del cine, en muchas de sus manifestaciones; la obra de El Greco desde multitud de ángulos; las vidas de algunos hombres de Ciencia y, en el caso que yo tengo más cerca, la sistematización de la historia del arte en Castilla-La Mancha, con los dos volúmenes que coordinó para nosotros en Almud, en 2018.Una producción muy amplia y que refleja la variedad de sus intereses, y que, en alguna medida, ha querido volcar en este pequeño libro recopilatorio, Voces para corregir el rumbo, que le ha editado la murciana Nausicaä. No dice expresamente a qué se refiere con ese enunciado, pero todo hace suponer que no le gusta el sesgo de nuestra actual civilización y apunta a personas y a trabajos que podrían implicar correcciones a esas malas prácticas. En este mismo año 2021, que marca su jubilación académica, Miguel había publicado además Las mil caras de Teodora de Bizancio, en Ed. Reino de Cordelia, libro en el que volvía a uno de sus paisajes preferidos: el poco conocido imperio bizantino”.

P.S. Mi agradecimiento a Teresa Sánchez Castilla por las fotos proporcionadas y otras consideraciones sicilianas.

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