Prólogo a Hilos de un laberinto, volumen II

Casa Danzante, Praga

El error del intelectual consiste en creer que se puede saber sin comprender y , especialmente sin sentir y ser apasionado (no solo del saber en sí sino del objeto del saber)

Antonio Gramsci

La imagen que hemos elegido para portada de esta heterogénea compilación representa La Casa Danzante de Praga, edificio deconstructivista diseñado por el arquitecto checo-croata Vlado Minueae en colaboración con Frank Gehry y terminado en un terreno frente al río Moldava en el año 1996. La planificación fue en su momento bastante controvertida, porque la construcción se insertaba en un marco previo de edificios barrocos, góticos y Art Noveau del céntrico distrito Praga 2, lo cual resultaba un mosaico de estilos difícil de tolerar para los ciudadanos praguenses de 1992, hace ya casi treinta años. No obstante, el proyecto recibió el espaldarazo definitivo del entonces presidente checo, Václav Havel, que vivió durante décadas junto al edificio y que acunaba la ilusión de que terminase por convertirse en un centro cultural. Según dicen, Gehry pensaba, efectivamente, en remedar una pareja de baile -en concreto Fred Astaire y Ginger Rogers-, pero el conjunto lo mismo podría sugerir, creo yo, un borracho que busca el camino a casa sostenido por un amigo o una ola rompiendo con fuerza contra un muelle, como uno mejor quiera…

Particularmente, y en lo que aquí nos interesa, encuentro que ese “como uno quiera” posee, en nuestro caso, cierto valor icónico para simbolizar el pensamiento del Catedrático de Filosofía madrileño Quintín Racionero Carmona, cuya memoria personal e intelectual se quiere honrar en las siguientes páginas. Pues se trata, primero, de un diseño arquitectónico, y Racionero era un gran aficionado a la arquitectura, hasta el punto de configurar su otra gran vocación. Después, se trata precisamente de arquitectura posmoderna, siendo la Posmodernidad un modo de cultura en el que prima el habitar sobre el explicar, así como la lógica espacial sobre la lógica temporal. Además, se sitúa en Praga, esa ciudad que en el pasado siglo ha orillado casi desde la periferia la historia de Europa occidental, sujeta a la fría disciplina soviética pero con sus propias desviaciones “primaverales”. Quintín Racionero entendía la Posmodernidad no como una epocalidad determinada, o no exactamente, sino, más bien, como la coexistencia polémica de, cuanto poco, dos al mismo tiempo, al modo justamente de La Casa Danzante. Así, es posmoderno un enfoque nuevo (una observación interna, diría Luhmann) arrojado sobre la Modernidad misma pero sin abolir ésta más que en su pretensión monológica, de igual manera que el cuerpo de pilares curvos se apoya en su compañero más clásico contagiándole algo de su embriaguez pero sin hacerle perder su apostura erguida. El entorno, por otra parte, resulta también propicio para el espíritu de la Posmodernidad tal como la entiende Racionero por cuanto que mezcla sin empacho esos estilos procedentes de distintos lugares y tiempos conviviendo pacíficamente en una suerte de topología de las formas arquitectónicas tradicionales. Por último, la fotografía está tomada por la tarde, y es una fotografía real, quiero decir que los coches y los cables de tendido eléctrico nos dan una impresión bien clara de que estamos en presencia de un paisaje urbano concreto, en el que vive de verdad la gente, y no ante una de esas estampas de angustia expresionista abstracta con que habitualmente se quiere epatar al lector de filosofía actual. Se dirá que buscamos demasiadas connotaciones a una mera metáfora visual, pero es que el mundo (el ser, el universo, si se prefiere…) parece consistir en una saturación de sentidos vagamente relacionados más que en una ausencia absoluta de un presunto Sentido con mayúsculas como nos han pretendido hacer creer desde metafísicas nihilistas. O eso, al menos, y si yo no me equivoco, es lo que se desprende desde el magisterio filosófico de Quintín Racionero1.

Aquí presentamos, en cambio, una multiplicidad de cuerpos diferentes pero unidos en su diferencia: un texto acerca de la vida y el pensamiento -o la vida histórica del pensamiento y el pensamiento de la vida histórica- del siglo XVII junto con otros que contienen estudios concretos sobre Aristóteles, Nietzsche, el devenir del pensamiento moderno desde Kant hasta Heidegger y un largo etc. Son textos inéditos porque nunca fueron textos propiamente dichos, sino jugosa oralidad de los cursos y seminarios de Quintín Racionero que fue puesta por escrito ya hace tiempo por alguno de los afortunados que acudieron a ellos. Pero les aglutina, sin duda, un hilo conductor, que no es otro -el profesor Racionero jamás pensó que el tema de la Filosofía fuese nada distinto de eso- que el de los usos, efectivos y posibles, de la Razón en los contextos en los que le ha sido dado ejercer su actividad. Y para ello hay, en cierto modo, que desdoblarse, a la manera del rostro bifronte del dios Jano, a fin de comprender el presente a través de las realizaciones racionales del pasado. Nuestra compilación responde así a una necesidad expositiva del propio filósofo ya fallecido, puesto que hay que hacerse cargo del actual estado de cosas del mundo a partir de su genealogía, lo que en el presente caso se acota en los límites inicial y terminal de la Modernidad. Sin embargo, como en La Casa Danzante, el desdoblamiento es aparente porque, como digo, todos estos estudios están conectados, comunicados entre sí por el interior y no únicamente adosados desde el exterior. De hecho, entre todos estos textos existen referencias cruzadas inevitables, pese a la distancia cronológica de su emisión y también a la otra, es decir, la distancia temporal que separa unas temáticas de otras. Las charlas sobre pensar las artes, en efecto, representa la última hora de la preocupación de Quintín Racionero sobre el aquí y el ahora de la reflexión filosófica (tan de última hora que fue interrumpida por su muerte), mientras que las charlas sobre el siglo Barroco, por ejemplo, elaboradas cuando La Casa Danzante estaba en construcción, nos informan de su visión de una Ilustración distinta a la realizada históricamente2 que tal vez hoy comience a tener de nuevo condiciones discursivas y materiales de posibilidad real a escala global…

Lejos quedan, por tanto, a mi modo de ver, aquellas interpretaciones de la Posmodernidad que la reducen a pura estética, o a una moda elitista, o, por el contrario, a un canto desesperado, o lo que es todavía peor: a una enmienda a la totalidad del proyecto moderno. Se debe ser muy serio en esto, porque de lo que se trata finalmente no es del destino de la filosofía, sino del devenir del mundo (del objeto del saber, escribe Gramsci en epígrafe). Y a la vez se debe ser apasionado, por amor al futuro, pero sin que esa pasión se mueva jamás, a criterio de Racionero, al margen o por debajo de la racionalidad disponible en cada momento histórico. Quintín Racionero sabía transmitir de sobra esa pasión, de la que estas páginas son un pobre testimonio, pero sobre todo tenía ideas, ideas bien enraizadas en la tradición filosófica así como en la contextura de la realidad histórica, no ocurrencias arbitrarias, y aunque ese no fuese su fin primero, el resultado de tales ideas dignificaba a la filosofía misma. Recuerdo que esa justamente fue nuestra experiencia del trato con las enseñanzas de Racionero: una dignificación del discurso filosófico, colocado por él a una altura que realmente era la altura de los verdaderos problemas del mundo actual. En este instante en que se nos hace necesario transformar a Quintín Racionero en papel, esperamos sinceramente que el lector comparta una impresión análoga y entienda que la Casa Danzante sigue a su manera en pie, aguardando las críticas o los apoyos, lluevan truenos o brille el sol, como una provocación suave a pensar…

1 El título que le hemos puesto a esta compilación, por cierto, me fue sugerido por el propio Racionero en una conversación casual en el parque del Retiro, según caía la tarde: se trataba del nombre con el que tenía pensado bautizar a la charla con Simón, en caso de que esta se prolongase y diversificase tanto que diese ocasión a un libro.

2 Y que el lector encontrará expuesta con mucho mayor detenimiento en El siglo de Leibniz, Kiros ediciones, 2026.

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