Brexnot!

Inglaterra es hermosa y melancólica. Es un país sumamente civilizado, en el que se ven resueltos con gran sabiduría los problemas más esenciales de la vida, como la enfermedad, la vejez, el desempleo, los impuestos. Es un país que sabe tener un buen gobierno y esto se nota en los mínimos detalles de la vida diaria, en el respeto al prójimo, en la acogida a los extranjeros, en el trato a los animales y en la construcción de las casas.

 Natalia Ginzburg

Anteayer iba a volver a votarse en el parlamento británico la salida inminente del Reino Unido de la Unión Europea, esta vez mediante las negociaciones de un loco en vez de las de una institutriz, y uno no puede más que lamentarse de tanto disparate. Todo el mundo sabe que Boris Johnson es un mentiroso descarado, como lo fue en la campaña del Brexit, que es un fanático de Donald Trump, seguramente el único con cargo público en el planeta, y hasta que tiene una vida personal desordenada, lo cual ya no es asunto nuestro (porque los ingleses nos lo han enseñado así). Sin embargo, ese energúmeno, ese hooligan de pelopollo, pretende cambiar el rumbo de la que probablemente haya sido la nación más civilizada de Europa, si nos olvidamos del penoso conflicto del Ulster. Sacar a Inglaterra de Europa para entregársela a Estados Unidos, ese parece ser el plan –mi amigo Jaime me recuerda la aterradora premonición contenida en la Oceanía de Orwell… Conformar un frente anglosajón común frente a China, y que el Viejo Continente perezca en el fuego cruzado. ¿Y la reina a todo esto no tiene nada que decir? La reina, en Inglaterra, goza de unos poderes (y unas invulnerabilidades…) extraordinarios. Podría perfectamente destituir a Boris, por gañán -aunque quizá le gusté de él que lleve la cabeza permanentemente en gentil reverencia-, pero quizá ya esté chocha, la pobre, o quizá los Beatles tenían razón en el Abbey RoadHer Majesty’s a pretty nice girl / But she doesn’t have a lot to say… En cualquier caso, la reina es la reina, que nadie se atreva a ponerlo en duda, y God save the queen (but Anarchy in the U.K…) 

Pero es que esto del Brexit es un sindios al que hay que poner fin. El nuevo trato que Boris intenta colar como cosa suya a la UE y a la Cámara de los Comunes es peor que los de Miss May, coloca una aduana en Irlanda del Norte y hace concesiones dañinas para su propio país a corto y largo plazo. Algunos diputados y diputadas más conscientes, por contra, ya no hablan de un segundo referéndum, lo que sería muy lógico habida cuenta de que el primero fue un fraude en toda regla, sino que se decantan directamente por la cancelación del Brexit, lo que yo llamaría Brexnot. Arriba el Brexnot, viva el Brexnot, quiero iniciar una campaña en las redes sociales a favor del Brexnot. La Carta Magna de Juan Sin Tierra es Europa, el pirata Drake es europeo, Shakespeare es europeo, John Locke es europeo, el Habeas Corpus es Europa, Sherlock Holmes es europeo, Keith Richards es europeo y, si me apuráis, hasta los Monthy Phyton, Hugh Grant y Years and years son genuinamente nuestros. ¿Qué tiene que ver todo eso con los EEUU? (bueno, John Locke un poco, puesto que el espíritu de la Declaración de Independencia parece que está basado en su obra, al menos en las primeras célebres frases…)

Es inaceptable. Que Camden Town sea el extranjero, que el Scotch pasé a ser para siempre Dick, ¿vamos a llamar al fútbol balompié?… Tengo este curso una alumna que se llama Isabel Tudor, y no tiene ni idea de lo que pueda tener eso de especial. El argumento, tan hispánico, tan carpetovetónico más bien, entre Pérez Reverte y Santiago Abascal, de la pérfida Albión y tal y de su infame secuestro perpetuo de Gibraltar en realidad no es del todo válido, puesto que Gibraltar ha sido más tiempo británico que español, si fechamos España desde los Reyes Católicos y la cesión del Peñón en el Tratado de Utrecht -hagan, si no, sus cuentas… Somos muy envidiosos, los españoles, de las glorias del imperio británico, y nos gusta pensar en ellos o bien como ladrones o bien como victorianos, que son atributos francamente opuestos. Pero es que además está el bellísimo poema de John Keats

John Bercow,  speaker (presidente) de la Cámara de los Comunes del Reino Unido,

¡Feliz es Inglaterra! Ya me contentaría

no viendo más verdores que los suyos,

no sintiendo más brisas que las que soplan entre

sus frondas confundidas con las leyendas grandes;

pero nostalgia siento, a veces; languidezco

por los cielos de Italia; íntimamente gimo

por no hallarme en el trono de los Alpes sentado,

para olvidar un poco lo mundano y el mundo.

Feliz es Inglaterra y dulces son sus hijas,

sin artificio: bástame su encanto tan sencillo,

sus blanquísimos brazos, que ciñen en silencio;

pero en deseos ardo, a menudo, de ver

bellezas de mirada más honda, y de sus cantos,

y de vagar con ellas por aguas del estío.

Buena muestra de que los hijos de la Gran Bretaña suspiran por Europa, son europeos… El Rey Arturo está dormido en una cueva, dice la leyenda, en espera de otra gran época de esplendor civilizatorio, de florecimiento de la paz y de la justicia universales. Como se despierte y vea el panorama va a agarrar un matojo rubio multimillonario con la mano izquierda y otro matojo rubio traidorzuelo con la otra y va a hacer chocar sus cabezas hasta que el sonido a hueco se oiga hasta en Ávalon… 

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