Gropius y Breur, Casa Gropius, Lincoln, Massachusetts, 1938

Dice Giulio Carlo Argan, en su libro Walter Gropius y la Bauhaus (1951), que “la primera grieta en la fe racionalista de Gropius se produjo, creemos, en 1927-1928 cuando decide abandonar la dirección de la Bauhaus. Cualquiera que haya sido el motivo de esa decisión, lo cierto es que a partir de esa época su trabajo se aparta de la colaboración didáctica de la escuela”. 

Y  es esa constatación del abandono de las relaciones pedagógicas con su creación de 1919, y de la llamada por Argan, pomposamente, como ‘fe racionalista’, las matrices intelectuales que nutrirán el tramo final de la carrera profesional de Walter Gropius (1883-1969). Tramo que comienza con su salida de Alemania en 1933 y que finaliza con su muerte en 1969, y que cronológicamente es el tramo más extenso pero el más recorrido por dudas e incertidumbres, y verificado enteramente en Estados Unidos.

Aún antes del exilio ingles de 1934 y tras su salida de Bauhaus, Gropius había realizado diferentes trabajos significativos en Alemania. Trabajos que van desde los estudios para el proyecto de Teatro Total de Erwin Piscator (1927) y los pabellones alemanes del Werkbund en Paris de 1930 y de la exposición de Berlín de 1931, sobre Arquitectura alemana. Junto a esos trabajos caben citarse los proyectos de los concursos del Teatro de Karkov y el del Palacio de los Soviets. Aún en 1934 y en una rara colaboración con el régimen nazi, trabaja en la exposición ‘Pueblo alemán-pueblo trabajador’. La etapa inglesa, va a resolverse con una puntual colaboración con Maxwell Fry en la casa Benn Levy en 1936, casa que probablemente marque la transición hacia los diseños americanos como el de su propia casa. 

El traslado a los Estados Unidos se verifica ya en 1937, junto a su mujer Ilsa y los colaboradores en Bauhaus, Marcel Breuer y Herbert Bayer. Donde se traslada contratado por la Universidad de Harvard como profesor, y en donde realizará, en 1938 en el MOMA de New York, la exposición Bauhaus. 1919-1928. Todo ello, todo ese recordatorio de la experiencia didáctica de la etapa alemana, realizado a pesar de que Gropius se desconecta de los intentos americanos por resucitar la Bauhaus. Como fueron los casos del New Bauhaus de Chicago de Moholy-Nagy; del Black Mountain College, en torno a Albers y Schawinski; y del Armour Institute del MIT de Mies van der Rohe y Ludwig Hilberseimer.

Walter Gropius y Ise Frank

Y de ello da cuenta Argan, cuando se pregunta retóricamente, “Nada más inútil que preguntarse hasta qué punto se han americanizado (suponiendo que la palabra tenga algún sentido) hombres como Gropius y Thomas Mann, a quienes la rápida crisis reaccionaria de Alemania obligó a buscar refugio en Estados Unidos; y nada menos generosos que una confrontación del sufrimiento de aquel que partió y de aquel que permaneció, como si el horizonte moral de una fuerte personalidad pudiera modificarse en cualquier recodo del camino”. 

Estas circunstancias son las que abren un nuevo campo de reflexiones en la trayectoria de Gropius o de Mies Van der Rohe, por citar los dos ejemplos más destacados de arquitecto del exilio. Circunstancia que pueden ser tenidas en cuenta al analizar las obras de periodo americano. Y es que, prosigue Argan, “llegado a Norteamérica, Gropius percibe la existencia de más de un punto de contacto  entre la didáctica propia y la didáctica pragmática norteamericana”. Razones que hacen a Argan, denominar a esta modulación formal como Organicismo subjetivo. Eso de alguien que procede, como antes se decía de la fe racionalista, es el descubrimiento de una alteración significativa.

Bastaría analizar los recursos desplegados por Gropius en las Casas de los Maestros de Dessau (1926), vistas ya en estas páginas de Hypérbole, con el verificado en la Casa Gropius para advertir el sesgo experimentado. Sesgo que da pie al repetido Argan, para decir: “A partir de 1938 se buscarán inútilmente aquellas concesiones al gusto norteamericano que se advierten con tanta facilidad en la arquitectura de Neutra, de Mies van der Rohe, del mismo Breuer. Gropius rechaza sacrificar el propio problema, que es un problema esencialmente europeo e histórico a los vagos deseos de espiritualidad de la aburrida plutocracia norteamericana; su pensamiento sigue dirigido a descubrir las contradicciones de esa sociedad tan distinta pero quizás igualmente desgarrada que la europea”.

La ortogonalidad geométrica del diseño de las viviendas de Dessau,  adquieren una nueva peculiaridad en Massachusetts. La pieza central de la vivienda sigue conformando un prisma nítidamente geométrico, al cual se agregan otros recursos diferentes, como son el potente voladizo de la entrada (dispuesto oblicuamente al plano principal) y la escalera de acceso a la terraza dispuesta exenta en el mismo plano,. Ambas piezas cuentan  con capacidad para alterar la envolvente básica del prisma de las piezas vivideras. De igual forma que el tratamiento de los dos accesos (el principal y el de servicio), dispuestos en sendas galerías de piedra enfatizan valores, que el mismo dibujo potencia y refuerza, y que en Dessau no aparecían con esa evidencia.  Accesos que prolongan, como un tapiz en el suelo, el arranque pétreo del zócalo en un basamento fingido.

Frente a la esencialidad de las piezas básicas que componen  las Casas de los Maestros, cierta disolución de la envolvente unitaria y cierto carácter objetual añadido se introducen en la casa de Massachusetts. Abriendo diversas secuencias del orden construido en la naturaleza y de sus relaciones y conexiones. Abriendo una revisión de índole romántica frente a la potencia del maquinismo precedente de los años europeos de la Neue Sachlichket

No sólo la elección del enclave en una colina rodeada de manzanos con vistas circundantes, componiendo un modelo del paisaje prototípico de Nueva Inglaterra, sino la versatilidad en el empleo de materiales, diluyen la hegemonía de la forma: ladrillos, lajas de piedra y tablas de madera junto con nuevos materiales que se empleaban en Estados Unidos como el tablero de cartón yeso, las barandillas y cerrajerías industriales, el bloque moldeado de vidrio y las nuevas tecnologías en cuanto a instalaciones.

Por ello suscribe Argan que “En la casa Gropius, la fuerte cornisa del ángulo, suspendida en el vacío, señala el límite de un plano imaginario más allá del cual el vacío continua y se introduce en lo vivo de la construcción; a su vez el balcón prolonga el espacio interno en el exterior, compendiándolo en la misma trama constructiva, en el mismo trazado gráfico, en el mismo diafragma transparente de la vidriera”. Un trazado simbolizado por el porche, capaz de unir la objetualidad de Bauhaus con la sentimentalidad de Nueva Inglaterra.

Etiquetas de este artículo
More from José Rivero Serrano

Ascendentes y descendentes: El rapto de Europa

Hace algunos años, haciendo el recuento de revistas desaparecidas, publicaba un álbum...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.