Relatos

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La carta

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Mi abuelo era una persona huraña e insolente. Solía pasar el día deambulando por la casa, gruñendo y hablando solo. Por las tardes, cuando…

El temblor de la risa

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El entusiasmo del público había alcanzado límites cercanos al paroxismo. De todas las gargantas brotaban gritos, silbidos, risotadas, aullidos, insultos y alaridos que, junto…